El desa­fío de la mi­gra­ción es una prio­ri­dad ab­so­lu­ta de la Igle­sia

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El Sub­se­cre­ta­rio de la Sec­ción Mi­gran­tes y Re­fu­gia­dos del Di­cas­te­rio para el Desa­rro­llo Hu­mano In­te­gral, ilus­tró el com­pro­mi­so de la Igle­sia en el tema de la aco­gi­da y la in­clu­sión de los mi­gran­tes y re­fu­gia­dos.

La mi­sión prin­ci­pal de la Sec­ción Mi­gran­tes y Re­fu­gia­dos del Di­cas­te­rio para el Ser­vi­cio del Desa­rro­llo Hu­mano In­te­gral es la de sos­te­ner la Igle­sia – a ni­vel lo­cal, re­gio­nal e in­ter­na­cio­nal- en el acom­pa­ña­mien­to de per­so­nas en cada eta­pa del pro­ce­so mi­gra­to­rio, pres­tan­do es­pe­cial aten­ción a aque­llos que, por di­ver­sas ra­zo­nes y en ma­ne­ras di­fe­ren­tes, es­tán obli­ga­dos a des­pla­zar­se o huir. El Pa­dre Mi­chael Czer­ni, sa­cer­do­te je­sui­ta, sub­se­cre­ta­rio de di­cho Di­cas­te­rio, se di­ri­gió a Lam­pe­du­sa en don­de reali­zó una in­ter­ven­ción en la Es­cue­la de Alta for­ma­ción en So­cio­lo­gía del te­rri­to­rio, que se está lle­van­do a cabo del 13 al 20 del co­rrien­te.

El sa­cer­do­te ha­bló del gran desa­fío de la mi­gra­ción, prio­ri­dad ab­so­lu­ta de la Igle­sia, re­co­rrien­do las mo­ti­va­cio­nes y la mi­sión de la Sec­ción de­di­ca­da a los mi­gran­tes y re­fu­gia­dos, guia­da di­rec­ta­men­te por el papa Fran­cis­co.

Ex­pli­có el pa­dre Czer­ni que en uno de los pri­me­ros en­cuen­tros en di­cha sec­ción, el Papa evi­den­ció tres ám­bi­tos tem­po­ra­les en los cua­les si­tuar las di­ver­sas ac­ti­vi­da­des para ayu­dar a las Con­fe­ren­cias Epis­co­pa­les a acom­pa­ñar a la gen­te en las cua­tro fa­ses mi­gra­to­rias fun­da­men­ta­les que son de la par­ti­da al via­je, de la lle­ga­da al re­gre­so. En el pri­mer ám­bi­to –dijo – se si­túan una se­rie de ac­ti­vi­da­des para sal­var la vida de los mi­gran­tes, los re­fu­gia­dos y las víc­ti­mas de la tra­ta. El se­gun­do reúne las ac­cio­nes des­ti­na­das a desa­rro­llar po­lí­ti­cas y pro­gra­mas que re­co­noz­can la cen­tra­li­dad de la per­so­na hu­ma­na y el desa­rro­llo hu­mano in­te­gral. Y el úl­ti­mo ex­pre­sa el com­pro­mi­so de la Igle­sia en el afron­tar las cau­sas re­mo­tas de las mi­gra­cio­nes for­ma­das, para ha­cer de cada mi­gra­ción una elec­ción li­bre y per­so­nal.

Las res­pues­tas de la Igle­sia a me­dio tér­mino fue­ron re­su­mi­das por el Papa en cua­tro ver­bos: aco­ger, pro­te­ger, pro­mo­ver e in­te­grar. Se tra­ta de una ac­ción que la Igle­sia – dijo el sa­cer­do­te- pre­ten­de com­par­tir con to­dos los de­más ac­to­res po­lí­ti­cos y so­cia­les para una ges­tión de los flu­jos mi­gra­to­rios a lar­go pla­zo y con be­ne­fi­cios para to­dos.

Pro­mo­ver so­lu­cio­nes al­ter­na­ti­vas a la de­ten­ción para los mi­gran­tes irre­gu­la­res

Con el ver­bo aco­ger, el Papa quie­re sub­ra­yar la ne­ce­si­dad de an­te­po­ner la fra­ter­ni­dad al re­cha­zo, ofre­cien­do ca­na­les mi­gra­to­rios le­ga­les y se­gu­ros. Mi­gran­tes y re­fu­gia­dos tie­nen de­re­cho a una pri­me­ra ubi­ca­ción en es­pa­cios ade­cua­dos y de­co­ro­sos, gra­cias a pro­gra­mas de aco­gi­da, evi­tan­do así las gran­des con­cen­tra­cio­nes de per­so­nas, que a me­nu­do ter­mi­nan por agu­di­zar las si­tua­cio­nes de vul­ne­ra­bi­li­dad y de in­co­mo­di­dad de las co­mu­ni­da­des de aco­gi­da. Asi­mis­mo de­ben ser prohi­bi­das las de­por­ta­cio­nes ma­si­vas, y de­ben ser pre­fe­ri­das so­lu­cio­nes al­ter­na­ti­vas a la de­ten­ción para los mi­gran­tes en si­tua­ción irre­gu­lar.

Par­ti­cu­lar aten­ción a los me­no­res: evi­tar todo tipo de de­ten­ción

El ver­bo pro­te­ger se re­fie­re a las ac­cio­nes que de­ben ser em­pren­di­das con el fin de de­fen­der a los mi­gran­tes y re­fu­gia­dos de las vio­len­cias, abu­sos y ex­plo­ta­ción, de los que a me­nu­do son víc­ti­mas a cau­sa de su vul­ne­ra­bi­li­dad. Se tra­ta de una de­fen­sa que, se­gún el Papa, debe po­der con­tar con ins­tru­men­tos ju­rí­di­cos ade­cua­dos. Una par­ti­cu­lar aten­ción – pun­tua­li­zó el pa­dre Czer­ni – debe ser re­ser­va­da a la tu­te­la de los me­no­res mi­gran­tes y re­fu­gia­dos, evi­tan­do toda for­ma de de­ten­ción en ra­zón de su es­ta­tus mi­gra­to­rio y ase­gu­rán­do­les un ac­ce­so re­gu­lar a la ins­truc­ción pri­ma­ria y se­cun­da­ria.

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Como Iglesia no podemos quedarnos indiferentes ante el sufrimiento ajeno; tenemos el deber moral y cristiano de ayudar a los necesitados y marginados de nuestra sociedad: “Porque era forastero y me acogisteis” (Mt 25,35; cf. Mt 25,31-46). Por tanto, esta responsabilidad conjunta que tenemos los miembros de la Iglesia de cara a cambiar esta situación debe concretarse.horadelamision.blogspot.com/2018/09/carta-de-jovenes-cristianos-espanoles…

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Con­clu­ye la reunión de obis­pos de las Con­fe­ren­cias Epis­co­pa­les de Eu­ro

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Los Pre­si­den­tes de las di­fe­ren­tes Con­fe­ren­cias Epis­co­pa­les de Eu­ro­pa emi­tie­ron un pro­nun­cia­mien­to con­clu­si­vo so­bre al­gu­nas pro­ble­má­ti­cas ac­tua­les del vie­jo con­ti­nen­te al fi­na­li­zar su Asam­blea Ple­na­ria.

Este 16 de sep­tiem­bre fi­na­li­zó la Asam­blea Ple­na­ria del Con­se­jo de Con­fe­ren­cias Epis­co­pa­les de Eu­ro­pa (CCEE), rea­li­za­da en la ciu­dad de Poz­nan, Po­lo­nia. El mo­ti­vo de la reunión sir­vió para que los Obis­pos eu­ro­peos pue­dan con­se­guir me­jo­res la­zos de co­mu­ni­ca­ción ante las dis­tin­tas reali­da­des que en­fren­ta Eu­ro­pa y po­der lle­gar a un me­jor im­pul­so de la mi­sión de la Igle­sia.

Tras el fi­na­li­zar la reunión, los Pre­la­dos par­ti­ci­pan­tes de la Asam­blea emi­tie­ron un co­mu­ni­ca­do so­bre los pun­tos tra­ta­dos tras cua­tro días de reunión. La mi­si­va cons­ta de cin­co pun­tos en don­de los Obis­pos, ex­pre­san ante todo su cer­ca­nía y agra­de­ci­mien­to al San­to Pa­dre por su men­sa­je alen­ta­dor por la rea­li­za­ción de di­cha Asam­blea. Ade­más, los Pre­la­dos eu­ro­peos, sa­lu­dan la con­vo­ca­to­ria he­cha por el Papa Fran­cis­co a to­dos los Pre­si­den­tes de las Con­fe­ren­cias Epis­co­pa­les del mun­do, que ten­drá lu­gar la Ciu­dad del Va­ti­cano en fe­bre­ro de 2019, para re­fle­xio­nar so­bre el tema de los abu­sos de me­no­res y adul­tos vul­ne­ra­bles.

Ex­hor­ta­ción al Vo­lun­ta­ria­do ante los más ne­ce­si­ta­dos

Los Obis­pos, son cons­cien­tes de la pro­ble­má­ti­ca y ne­ce­si­dad de tan­tas per­so­nas, que pa­de­cen su­fri­mien­to fí­si­co y mo­ral. Por ello, es su de­seo re­sal­tar el va­lor de la so­li­da­ri­dad en to­das las igle­sias de Eu­ro­pa, den­tro de la cual re­sal­tan la fi­gu­ra del vo­lun­ta­ria­do. “El vo­lun­ta­ria­do mue­ve a mi­llo­nes de cris­tia­nos en Eu­ro­pa y se pre­sen­ta como un fe­nó­meno im­por­tan­te y ex­ten­di­do – es­cri­ben los Pas­to­res – ca­paz de in­ter­cep­tar, con un di­na­mis­mo be­ne­vo­len­te úni­co, a los mu­chos po­bres y mar­gi­na­dos que es­tán pre­sen­tes en nues­tras so­cie­da­des opu­len­tas”.

Lla­ma­da a una só­li­da for­ma­ción cris­tia­na

La preo­cu­pa­ción so­bre una for­ma­ción cris­tia­na más só­li­da es otro de los pun­tos en que los obis­pos eu­ro­peos se­ña­lan en su co­mu­ni­ca­do,  don­de sea po­si­ble com­ba­tir los dis­tin­tos pro­ble­mas que ata­ñen a la so­cie­dad ac­tual: “Que­re­mos ha­cer más in­ten­sa y or­gá­ni­ca la for­ma­ción cris­tia­na – afir­man los Pre­la­dos – la for­ma­ción que se ne­ce­si­ta hoy, des­de la for­ma­ción es­pi­ri­tual como ad­he­sión a Cris­to: cuan­to más nos ali­men­ta­mos de su Pa­la­bra y de los sa­cra­men­tos, ma­yor es la ur­gen­cia de la ca­ri­dad y la ca­li­dad del tes­ti­mo­nio que se desa­rro­lla”. Con esto, los obis­pos eu­ro­peos, plan­tean re­ge­ne­rar más la ac­ti­vi­dad pas­to­ral y lle­var me­jor el Evan­ge­lio a la nue­vas zo­nas de po­bre­za de sus dió­ce­sis, tal como se­ña­la el Papa en su En­cí­cli­ca Evan­ge­lii Gau­dium: “la fal­ta de res­pe­to por la vida, el des­mo­ro­na­mien­to de la fa­mi­lia, la im­po­si­ción de la cul­tu­ra del gé­ne­ro, la res­tric­ción pro­gre­si­va de las li­ber­ta­des, in­clui­da la li­ber­tad re­li­gio­sa, los mi­gran­tes y los re­fu­gia­dos. Es aquí don­de se agre­ga el tema del diá­lo­go ecu­mé­ni­co e in­ter­re­li­gio­so y, en todo caso, el del diá­lo­go ci­vil, que son tan ne­ce­sa­rios en la de­li­ca­da tem­po­ra­da que vive nues­tro con­ti­nen­te, de­bi­do a las cre­cien­tes ten­sio­nes que apa­re­cen en su seno”.

So­li­da­ri­dad para con los mi­gran­tes

Como úl­ti­mo pun­to, los Obis­pos vuel­ven a re­sal­tar la so­li­da­ri­dad como re­fle­jo de un amor tri­ni­ta­rio y que la Igle­sia está lla­ma­da a ex­pe­ri­men­tar una con­ti­nua con­ver­sión de Amor Tri­ni­ta­rio. Esto es po­si­ble apli­car­lo y cómo de­be­mos de  apli­car­lo, so­bre todo en el caso del fe­nó­me­nos de la mi­gra­ción, don­de la cul­tu­ra in­di­vi­dua­lis­ta está tra­tan­do de de­jar fue­ra toda ac­ción de so­li­da­ri­dad para con los mi­gran­tes.

“No so­mos ex­per­tos en geo­po­lí­ti­ca – con­clu­yen los Obis­pos – pero como pas­to­res es­ta­mos en el te­rreno con nues­tras co­mu­ni­da­des, en to­das las cir­cuns­tan­cias. Com­pren­de­mos la gran com­ple­ji­dad del fe­nó­meno, pero re­afir­ma­mos, con el Papa Fran­cis­co, que la so­li­da­ri­dad es la for­ma esen­cial en la que no po­de­mos ren­dir­nos si que­re­mos en­fren­tar pro­ble­mas na­cio­na­les, in­ter­na­cio­na­les y glo­ba­les”.