V CONFERENCIA DEL GRUPO SANTA MARTA en Roma 2018

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Durante los día 8 y 9 de Febrero, coincidiendo con la festividad de Santa Josefina Bakhita, tuvo lugar en el Vaticano la V Conferencia del Grupo Santa Marta, iniciativa del papa Francisco que integra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los Estados, Conferencias Episcopales y entidades católicas en la lucha contra la trata de personas y la atención a las víctimas.

Con participantes provenientes de los cinco continentes, también con una representación de nuestro país: Policía Nacional, Conferencia Episcopal, Villa Teresita, Oblatas y archidiócesis de Madrid… , exponiendo el trabajo que se viene realizando desde las diversas entidades y redes creadas, los objetivos, retos y acciones pastorales.

El encuentro culminó con una audicendia con el papa Francisco, quien puso esperanza en éstos días de trabajo, nos instó a escuchar la voz de Dios “¿Donde está tu hermano?”, a ampliar nuestro horizonte en la lucha contra la trata y abordar otros horizontes como las nuevas tecnologías, los medios de comunicación, así como “el estudio de las implicaciones éticas de los modelos de crecimiento económico que dan la prioridad a los beneficios en lugar de a las personas”. 

 

“No podemos permanecer en silencio”: Jornada Mundial contra la Trata

 

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“No podemos permanecer en silencio”: Jornada Mundial contra la Trata – ZENIT – Espanol

(ZENIT – 8 feb. 2018).- La Iglesia celebra hoy, 8 de febrero, memoria litúrgica de Josefina Bakhita, la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata de personas.

El Papa Francisco ha publicado esta mañana, 8 de febrero de 2018, en Twitter: “Acojamos con espíritu de misericordia a las víctimas de la trata y a quienes huyen de la guerra y del hambre”.

Dignidad herida

Horas más tarde, el Santo Padre escribió otro ‘tweet’ en esta red social: “No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de millones de personas cuya dignidad está herida”.

Este año el lema de la Jornada es “Emigración sin trata. Sí a la libertad, no a la esclavitud”. El número de víctimas aumenta de año en año. Millones de hombres y mujeres, niños y adultos, son víctimas de trata en todo el mundo.

¿Qué es el tráfico de personas?

“Tráfico de personas –señalan en la web de la Jornada— significa reclutar, trasladar, desplazar, ocultar o recibir personas, por medio de amenazas, uso de la fuerza u otras formas de coacción, secuestro, fraude, engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad así como el acto de dar o recibir cualquier tipo de retribución o beneficios con el fin de conseguir el consentimiento de una persona que tenga dominio sobre otra, con el propósito de ejercer una explotación”.

En palabras del papa Francisco se trata de un «un crimen contra la humanidad». El Pontífice hace una llamada a hacerle frente y a cuidar a sus víctimas. “Necesitamos tanto eliminar las causas de este fenómeno tan complejo como también asistir adecuadamente a las personas que caen en los lazos de la trata” (Palabras del papa Francisco a los miembros del Grupo Santa Marta y RENATE, octubre-noviembre 2016).

Josefina Bakhita

Esta Jornada se celebra el mismo día que la Iglesia recuerda a Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que de niña vivió la dramática experiencia de ser víctima de la trata (Leer biografía).

Promueve esta Jornada el Comité para la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata, coordinado por Talitha Kum, la Red Internacional de la Vida Consagrada Contra la Trata de Personas. Colaboran la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA); el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, la Sección Migrantes y Refugiados; Caritas Internationalis; la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas (WUCWO); el Grupo de Trabajo contra el Tráfico de seres humanos (UISG/UISG); y el Servicio Jesuita a los Refugiados.

Más información sobre la Jornada Mundial contra la Trata

Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata. 8 Febrero 2018

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Un año más, la Iglesia universal se une en oración por las víctimas de la trata de seres humanos y contra éste flagrante delito. Promovido por el papa Francisco con motivo del día de Santa Josefina Bakhita, esclava sudanesa que fué liberada.

En España la Iglesia también nos convoca a la oración. En numerosos lugares se están organizando vigilias y jornadas de oración. Para éste año el lema propuesto es “Migrar sin trata. Sí a la libertad, no a la esclavitud”

EL DOBLE CALVARIO DE CRUZAR EL MAR SIENDO MUJER

12.400 migrantes llegaron a España por el Mediterráneo entre enero y septiembre, un 50% más que en todo 2016. Las mujeres son minoría, pero su viaje es el más difícil. Tres de ellas relatan su odisea

El PaísLAURA DELLE FEMMINE31-10-2017

El color del mar revela cuando África ya está lejos. El agua se tiñe de azul oscuro y las olas golpean por arriba y por abajo. Aquellos que no conozcan la ruta solo pueden confiar en la clemencia de las corrientes del Estrecho de Gibraltar. “No sabes si llegarás o no, y subes al barco consciente de ello”, confiesa Patricia, una mujer marfileña de 39 años que el pasado agosto se montó a una zódiac en el norte de Marruecos con sus gemelos de siete años y nada en los bolsillos más que la esperanza de llegar viva a España.

“Jamás lo volvería a hacer, ¡jamás!”, exclama entre sollozos en un parque de Jerez de la Frontera (Cádiz), donde vive en un piso de la ONG Accem. Cuenta que nunca antes había pensado emigrar a Europa y menos aún subirse a una barcaza con otras 31 personas a merced del mar. Como ella, más de 12.400 migrantes arribaron a España entre enero y septiembre tras desafiar al Mediterráneo, según la ONU, la cifra más alta desde 2008 y un 50% más que a lo largo de todo 2016. Además de subsaharianos, los marroquíes han vuelto a aparecer entre las nacionalidades con más presencia.

José Cristóbal Maraver en el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Tarifa (Cádiz). JUAN CARLOS TOROJosé Cristóbal Maraver en el Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Tarifa (Cádiz). / JUAN CARLOS TORO
PUERTAS AL CAMPO

El Centro de Coordinación de Salvamento marítimo de Tarifa está empotrado en lo alto de una colina. “Probablemente este haya sido uno de los años con más inmigración”, calcula José Cristóbal Maraver, subjefe de la instalación que junto con Almería y Motril más migrantes recibió en 2017: hasta el 31 de agosto coordinó el rescate de 5.800 personas, el doble que el año pasado. “Hay que entender que la inmigración no se para en el mar”, reflexiona, “es como poner una puerta al campo: una pura quimera”.

Los disturbios en la región marroquí del Rif y una posible relajación de la vigilancia en el vecino del sur, junto con el frenazo en los desembarcos en Italia tras el acuerdo entre Roma y Trípoli, son según los expertos algunas de las razones que explican el repunte en las llegadas españolas. La presión migratoria, sin embargo, está lejos de la de 2006, cuando 30.000 migrantes arribaron a las islas Canarias, y de la que vive Italia, con más de 100.000 llegadas este año.

Tampoco es nueva la ruta marítima entre Marruecos y España. Tradicionalmente utilizada por marroquíes, la inestabilidad en los países de África central empujó a miles de subsaharianos a aventurarse por el mismo camino. Aunque las mujeres sean minoría (en torno a un 9% en esta ruta), su viaje es más difícil. “Están expuestas a muchísimas violaciones, desde el robo al secuestro o la trata”, enumera Elvira García, trabajadora social de Accem en Jerez de la Frontera.

Patricia, Bahoumou y Esther relatan la odisea que vivieron en el camino que les trajo hasta aquí.

Patricia camina por Jerez de la Frontera con sus hijos con quienes cruzó el Estrecho en agosto.Patricia camina por Jerez de la Frontera con sus hijos con quienes cruzó el Estrecho en agosto. JUAN CARLOS TORO
PATRICIA: Un viaje de seis años por ocho países
Mientras se acaricia el pelo, recogido en una media coleta de finas trenzas, Patricia cuenta que huyó de Costa de Marfil en 2011 “por la seguridad de su hija”, entonces un bebé. El mismo año empezó la guerra civil y cruzó Ghana y Burkina Faso para llegar a Malí. Cuando pensó que allí podría reconstruir su vida, estalló otro conflicto que la obligó a marcharse. A través de Senegal y Mauritania entró a Marruecos.

García explica que están llegando a mujeres jóvenes, solas y con niños pequeños. Si antes las nigerianas conformaban el grueso de la migración femenina hacia España, este año han sido reemplazadas por camerunesas y marfileñas. “Hay que crear vías seguras, porque una chica que venga sola con un niño de nueve meses, en África o aquí, está poniendo su vida en riesgo”, reclama.

Patricia describe como una “esclavitud” los tres años que vivió en Casablanca. Mujer negra, indocumentada y católica en un país musulmán que mira de reojo a los migrantes subsaharianos, pronto entendió que las posibilidades de construir un futuro en Marruecos eran muy limitadas.

Fue a Tánger y pagó 2.000 euros para atravesar los 14 kilómetros de mar que separan África de Europa. “Antes de subirte [al barco] tienes que pasar por el bosque, donde te agreden y violan a las mujeres… y también a los hombres”, asegura. Fue rescatada tras 10 horas de navegación sin rumbo. “Un pesquero español nos indicó la ruta”, cuenta. Media hora más tarde, un helicóptero sobrevolaba encima de sus cabezas.

Bahoumou está intentando reunirse con su hijo, de cuatro años, varado en Melilla desde el 23 de marzo.Bahoumou está intentando reunirse con su hijo, de cuatro años, varado en Melilla desde el 23 de marzo. JUAN CARLOS TORO
BAHOUMOU: La patera que volcó y salió en la tele Bahoumou llegó a España el 10 de abril en una embarcación sin motor que zarpó con 33 personas de la ciudad marroquí de Nador. Cuenta que su llegada a la península “salió hasta en la tele”: la embarcación volcó y tres personas se ahogaron.

Según la Organización Internacional de las Migraciones, al menos 138 personas fallecieron en el Mediterráneo occidental este año. “Imagínate olas de cuatro o cinco metros y una pequeña embarcación con ocho personas subiendo y bajando”, describe Israel Díaz, patrón de la Salvamar Arcturus, que solo cuenta con dos equipos de cuatro personas que se turnan cada semana para atender las emergencias.

“La temporada 2000-2003 fue la más dura, llegaban pateras muy grandes de hasta 80 personas”, especifica Díaz a bordo del barco amarrado en el puerto de Tarifa. Reemplazadas por las toys, embarcaciones de juguete con hasta 10 personas, más inseguras pero más difíciles de detectar por el SIVE —el sistema de vigilancia de las costas con el cual España blindó la frontera meridional de Europa—, este año han vuelto a aparecer lanchas con más capacidad.

Bahoumou salió de Costa Marfil en 2013 con su hijo recién nacido y a través de Malí y Mauritania alcanzó Marruecos. “Si no tienes dinero debes acostarte con todos los hombres que te llevan por el camino”, cuenta la mujer de 33 años que ahora comparte piso con Patricia.

Su hijo se montó a un barco en marzo y lleva desde entonces varado en Melilla. “Había la posibilidad de coger una zódiac, motorizada y más segura, pero yo me encontraba mal”, recuerda Bahoumou, “así decidí que viajara él primero”. Dos semanas después, ella también se subió a una barcaza. Le habían asegurado que llegaría a Melilla.

“Es la primera vez que veo a tanta gente llegar”, comenta Iván Lima. Técnico de Cruz Roja en Tarifa, proporciona la primera atención a los migrantes tras los rescates. “Cuando llegan no tienen ni idea de donde están”, asegura.

Bahoumou dice que fue engañada: la barcaza en la que iba nunca se dirigió a Melilla. Tras varios varios requerimientos para recuperar la custodia de su hijo, la semana pasada el Tribunal Europeo de Derechos Humanos pidió explicaciones al Gobierno español sobre las medidas que se están tomando para la reunificación de madre e hijo. Gracias a la intervención de la corte europea, Bahoumou pudo, por primera vez en ocho meses, hablar por teléfono con su pequeño.

Esther y su bebé de nueve meses en la sede de la Fundación Cruz Blanca de Algeciras.Esther y su bebé de nueve meses en la sede de la Fundación Cruz Blanca de Algeciras. JUAN CARLOS TORO
ESTHER: Una travesía embarazada de siete meses
Esther salió de Nigeria en 2012 con su marido y un objetivo claro: alcanzar Europa. “Mi familia no tenía dinero y me dijeron que era un buen lugar para vivir”, asegura. Empleó nueve meses en cruzar en autobús Benín, Malí y Argelia y alcanzar Marruecos.

“A veces dormíamos durante días en el desierto… si no te escondías te violaban, te pegaban y te robaban todo”, relata esta mujer de 30 años con la voz rota.

Después de cuatro años en Rabat entre dificultades y escaseces se planteó volver a Nigeria. “Pero me di cuenta que estaba embarazada; no quería que mi hijo naciera en Marruecos y en mi país hay mucho sufrimiento”, explica. Juntó 1.700 euros y se fue a Nador. A la semana, encinta de siete meses, estaba apretujada en un barco con otras 32 personas.

Greatness nació en Sevilla el pasado diciembre. “Fue con cesárea”, asegura mientras señala la zona inferior del vientre. Ahora viven en Algeciras, en un piso de acogida de la Fundación Cruz Blanca.

La vida en Europa no es tan fácil como se la habían pintado. “No tengo documentos ni trabajo”, lamenta. Blessing, la mediadora social que la acompaña, le recuerda que no se tiene que desanimar. “No le ha ido del todo mal: ¡está viva!”, exclama. Ella también sabe qué significa emigrar. Vino a España hace 14 años. También por mar. También en patera.

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