Un año acogiendo a jóvenes inmigrantes para incorporarlos al mercado laboral

Subsaharianos que han llegado en patera encuentran en la Fundación La Merced de Valladolid el impulso para rehacer sus vidas

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Jóvenes acogidos en el programa de la Fundación La Merced Migraciones junto a Fernando y Susana, educadores sociales y los monjes mercedarios con los que conviven en el mismo edificio / Miriam Chacón/ical

Valladolid vive, desde hace unos años, un crecimiento de inmigrantes llegados del África subsahariana, en su mayoría, atraídos a nuestra Comunidad en busca de la paz que no tienen en sus países de origen y un proyecto de vida que les permita desarrollarse como personas.

En este sentido actúa precisamente la Fundación La Merced en su sede de la capital, desde donde acoge a emigrantes en riesgo de extrema necesidad, en situación irregular, que hayan alcanzado tierras españolas en patera o saltando la valla en Ceuta o Melilla y que tengan entre 18 y 24 años.

Debido a los requisitos que deben cumplir para entrar en la Fundación, todos ellos han estado antes en centros de internamiento de extranjeros (CIE) o de estancia temporal de inmigrantes (CETI).

Ubicada en el vallisoletano barrio de La Victoria, en la parroquia de La Merced, la Fundación del mismo nombre hace de casa de acogida de un pequeño grupo de estos jóvenes en el marco de un programa de ayuda humanitaria del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Uno de los trabajadores del centro, el educador social Fernando del Pozo, recuerda siempre una de las frases que le dijo el pasado invierno un joven de Senegal: «Nous sommes la nourriture des poissons» (Somos la comida de los peces, en español).

Él, como muchos otros, se subió a las pateras en las costas marroquíes sabiendo que acabar en el mar podía ser una de las opciones.

Todos dejan en sus países a su familia y amigos, y algunos incluso estudios universitarios. Sin embargo, otros llegan a La Merced sin saber leer ni escribir, lo que supone un reto aún mayor para su integración.

En lo que todos coinciden es que es en España cuando descubren la realidad de la situación económica y social que, aunque no cumple con la idea de la «Europa paradisíaca» que les habían prometido en su lugar de origen, «es mejor que lo que teníamos allí», sostienen.

El sueño de muchos de ellos es ser futbolista, por lo que los lunes practican este deporte con estudiantes voluntarios del cercano colegio Cristo Rey. Sin embargo, saben que no vivirán de ello, por lo que se preparan para ser cocineros, soldadores o fontaneros.

También acuden a clases de Ciudadanía Española en la vallisoletana Red Íncola y se les enseña a cocinar, español, necesidades básicas de higiene y cuidado personal y limpieza y gestión de un hogar para que puedan ser independientes, al tiempo que la Fundación gestiona sus documentos para que logren tener los papeles en regla.

Además, una de las curiosidades del programa es que cada joven recibe 51 euros mensuales por parte del Ministerio y un día a la semana, los que rinden culto a la religión musulmana acuden a la mezquita del barrio de Pajarillos o rezan en el centro, una parroquia cristiana.

Arraigo y despoblación

Ellos quieren quedarse en Valladolid y hacer en la ciudad su proyecto de vida, pero su caso no es el de todos los inmigrantes que llegan. Fuentes de la Diputación provincial aseguran a LA RAZÓN que los refugiados que llegaron a esta zona el pasado año, una vez obtenida la documentación que les acredita como tal, decidieron desplazarse hasta ciudades más grandes en busca de mayores posibilidades.

Por su parte, un estudio de la Universidad de Valladolid sostiene que «el arraigo de refugiados en los pueblos de la provincia puede ser una solución a la despoblación y una herramienta para ofrecer oportunidades a estas personas», en palabras del líder del proyecto, Martín Rodríguez, a este diario.

Sin embargo, desde la institución provincial afirman que «lo primero es generar empleo y ofrecer servicios para que los habitantes no se marchen y tengan un futuro».
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«Hemos rescatado en el Mediterráneo más de 55.700 personas»

 

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Òscar Camps, director de la ONG Proactiva Open Arms

Camps, nacido en Barcelona, decidió en 2015 desplazarse a Lesbos, una isla
griega situada cerca de Turquía, para evaluar la situación de los refugiados
sobre el terreno. Camps, antes de embarcarse en la dichosa aventura
de rescatar a náufragos del Mediterráneo, era propietario y dirigía en Badalona
una empresa de socorrismo establecida, Pro-Activa Serveis Aquàtics,
dedicada a los servicios marítimos, concretamente en la seguridad acuática
y el socorrismo.

Y con 15.000 euros que Camps tenía ahorrado y un grupo de voluntarios empezó a guiar y ayudar a llegar a las playas a los refugiados, principalmente sirios, que venían desde Turquía en embarcaciones muy frágiles.

Su tarea nació de un evento clave que le motivó a ponerse en movimiento:
la publicación de las imágenes del cadáver de Aylan Kurdi, el niño de
tres años que había muerto ahogado intentando hacer la travesía con su familia
cuyas fotos dieron la vuelta al mundo.
El verano pasado participó en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en el encuentro “Crisis de los refugiados: conflicto, migración y respuesta europea”.
“Harán falta más de cuatro tiros al aire para que nos vayamos a casa”, avisó
Oscar, y bromeaba en este sentido que, “en lugar de chalecos salvavidas, se pondrán chalecos antibala” ante las medidas y las amenazas de los guardacostas libios y los planes de las autoridades libias para crear una vasta zona marítima que retira el  permiso de navegación a los barcos extranjeros.

Lejos de abandonar, se plantean volver a llevar su buque insignia, el Astral, para seguir salvando vidas. Camps se siente con todo un mundo en contra, desde el barco racista
de Defend Europe hasta la Unión Europea, pero no pierde la esperanza.

Ventana Europea: ¿Cuántas vidas habréis rescatado en estos dos años?
Òscar Camps: Hemos rescatado en el Mediterráneo más de 55.700 personas
desde que, un día, hace ya dos años, un grupo de voluntarios decidimos dejar
la comodidad de nuestras vidas para ayudar a salvar las vidas de todos aquellos que se ahogan en la frontera más mortífera del mundo. Cada una de estas personas rescatadas tiene una historia personal que le ha llevado a lograrlo.
Pero muchas otras se quedan en el camino.
Nosotros preferimos quedarnos con estas 55.700 historias que, gracias al
apoyo de muchas otras personas de la sociedad civil que deciden dar aportaciones
económicas para que Proactiva Open Arms siga trabajando, y así ellas seguirán
escribiendo sus días.

V. E.: Háblanos de algún caso significativo.
Ò. C.: Me viene a la cabeza una niña, Miracle, que llegó a la vida a bordo de
nuestro barco con bandera española, el Open Arms. Un equipo de 15 voluntarios
y voluntarias profesionales del salvamento marítimo la conocimos por primera vez. Era la tripulación 29 de nuestra ONG. Su madre, de nombre Peace, huía de Ghana. La pobre Peace dio a luz en nuestro barco, y lo reitero porque nadie en el mundo debería
encontrarse en la situación de tener que hacerlo en esas condiciones.

V. E.: ¿Que sentisteis?
Ò. C.: Al cogerla en nuestro regazo nos acordamos también de las más de
55.700 personas que decíamos antes que hemos rescatado en nuestro deseo de
ayudar a salvar las vidas de todos aquellos que se ahogan en la frontera más mortífera
del mundo. Cada una de estas personas rescatadas tiene una historia personal
que le ha llevado a lograrlo. Pero muchas otras se quedan desgraciadamente
en el camino.

V. E.: Pero Libia está cerca…
Ò. C.: Las personas que nos encontramos en el Mediterráneo central salen de
Libia, un país sin gobierno, controlado por mafias y milicias. Un país en el
que distintas organizaciones han podido comprobar de primera mano que la esclavitud
nunca fue abolida del todo. Se vende y se compra personas como esclavos
y esclavas, violando sistemáticamente los derechos humanos más básicos,
incluyendo el derecho que da sentido al resto, el derecho a la vida.

V. E.: No solo Libia…
Ò. C.: Las aguas internacionales se han convertido “en el agujero negro”
o “alfombra” donde la UE “esconde lo más sucio que hay”. Denunciamos que las
autoridades ponen más dinero en deportar gente que en salvar vidas. Nos preguntamos si hay verdadera voluntad para poner recursos o más bien para poner
debajo de una alfombra una realidad que no saben gestionar. Y luego niegan recursos
para garantizar la seguridad, para el pasaje seguro o incluso para el rescate en el mar cuando tienen problemas. Eso es lo que más nos indigna.

V. E.: ¿Por qué vuestro encuentro con el Papa?
Ò. C.: Queríamos llevar un trocito de realidad de Lesbos, porque la realidad
de Lesbos se aleja bastante de la versión oficial que se maneja. Cuando vino el Papa vino con muy poco tiempo, vino con cuatro horas, no tuvo tiempo para moverse
demasiado pero con cuatro horas hizo poner a todas las cámaras de todo el
mundo ahí y nos dio una lección de lo que tenemos que hacer. A ver si alguien
toma nota y pueden establecerse corredores humanitarios para respetar los
acuerdos comunitarios establecidos en materia de refugiados La llegada de
familias traídas por el papa en su avión tras su visita a Lesbos no fue solamente
una obra de caridad sino toda una lección magistral para un continente dominado por el miedo.

V. E.: ¿Còmo llevasteis la realidad de Lesbos al Papa?
Ò. C.: Le llevamos un chaleco de una niña siria de seis años que no pudimos
rescatar. Murió ahogada con su familia. Cuando levanté el chaleco nos rodearon
todos los de seguridad, pero fue anecdótico porque no hubo ningún problema. Enseguida vino y en un tono muy cordial y distendido nos alabó el trabajo
y nos animó a seguir. Nos dijo que estamos haciendo un gran trabajo, nos
felicitó, que estábamos en sus oraciones. Quedó conmovido cuando le conté la
historia. Cogió el chaleco, se lo llevó y le entregamos una carta.

V. E.: ¿Qué piensas de la política de la UE y de España ante este fenómeno?
Ò. C.: Lo que más echamos en falta de la sociedad española y europea en general
es la implicación en lo que está sucediendo, la falta de empatía, la sensibilización
y el clamor para cambiar las cosas. Falta indignación de la ciudadanía para que se puedan exigir cambios en los gobernantes que permitan que nuestro trabajo no sea necesario ya nunca más. La política de la UE es externalizar fronteras y pagar
a terceros países para que hagan el “trabajo sucio” saltándose los derechos humanos,
la Convención de Ginebra y todos los convenios internacionales a los que Europa está suscrita”, afirma. Esta es la realidad y el resto es demagogia”

Proactiva Open Arms es una organización no gubernamental de Badalona (Barcelona, España) fundada en septiembre de 2015 cuya principal misión es rescatar del mar
a los refugiados que llegan a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza… Recientemente, mientras las grandes ONG decidieron retirarse del Mediterráneo en agosto por el acoso de los guardacostas libios, este no fue
el caso de Proactiva Open Arms, la ONG que puso en marcha Òscar Camps. Su ejemplar labor se ha podido ver en una gran exposición reciente “No más vidas a la deriva. Proactiva Open Arms, dos años de misión en el Mediterráneo” #rutaDOCfield

VENTANA EUROPEA. Octubre 2017

Unos 105 inmigrantes murieron hasta marzo en su intento de llegar a España

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La cifra supone más del doble respecto a la del mismo periodo de 2017, cuando se contabilizaron 44 muertes, según la Organización Internacional para las Migraciones

Unas 105 personas han fallecido en lo que va de año en la llamada ruta occidental, la que une el norte de África con España, más del doble que en el mismo periodo de 2017, cuando se contabilizaron 44 muertes, informó hoy la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Según la OIM, entre el 1 de enero y el 4 de marzo llegaron a España 2.308 inmigrantes indocumentados y refugiados, frente a los 1.584 en casi el mismo periodo del año anterior (hasta el 28 de febrero de 2017).

En la ruta occidental “casi cada día conocemos nuevos muertos”, comentó el portavoz de la OIM en la rueda de prensa bisemanal de la ONU en Ginebra, Joel Millmann.

El número de muertes es “bastante elevado y alarmante” en los primeros 63 días del año en esta ruta, dijo, mientras que las tendencias generales en el conjunto del Mediterráneo hasta ahora “son alentadoras”, sostuvo.

Un total de 10.584 inmigrantes entraron en Europa a través de las diferentes rutas en el Mediterráneo hasta el 4 de marzo, frente a los 19.824 registrados en el mismo periodo de 2017.

En cuanto al número de muertes, la OIM estima que 421 inmigrantes perdieron la vida en el mar en 2018, mientras que en los dos primeros meses de 2017 se registraron 521 decesos.

Un 50 % de los inmigrantes y refugiados que consiguieron llegar a Europa en lo que va de año arribaron a Italia (5.331), casi tres veces menos que el año anterior, de acuerdo con la OIM.

En la ruta entre Libia e Italia se registraron 316 muertes, frente a las 475 en el mismo periodo de 2017.

Millman informó además de dos naufragios durante el fin de semana en la ruta del Mediterráneo Central de dos barcos, uno con 51 personas a bordo y otro con 132.

Del primer barco se rescató a 30 inmigrantes, pero 21 son considerados desaparecidos y posiblemente muertos.

Queda la duda aún de si había además dos cuerpos sin vida de niños, lo que elevaría el número total de fallecidos a 23 y sería el incidente más grave desde el 2 de febrero, según el portavoz.

De la otra embarcación fueron rescatadas 42 personas, que llegaron hoy a Italia, mientras que los otros 90 fueron llevados por la guardia costera libia a Libia.

A Grecia llegaron a su vez 2.908 inmigrantes y refugiados (hasta el 3 de marzo), algo más que los 2.481 en los mismos dos meses del año anterior. En este trayecto no falleció ninguna persona en lo que va de año, destacó Millman.

 

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud

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Discurso a la Comisión Internacional Católica para las Migraciones

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

(ZENIT – 6 marzo 2018).- En el contexto de la migración, uno de los compromisos difíciles –ha apuntado Parolin– que hoy prometen ser más urgentes y necesarios, es “actuar” para que se produzca un cambio de actitud, abandonando la cultura dominante del “descarte” y del rechazo.

El Cardenal Mons. Pietro Parolin ha animado de esta manera a los participantes en la apertura de la asamblea plenaria de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones, este 6 de marzo de 2018, en Roma.

“Llevemos, pues, a todos, a través de nuestro amor concreto, este anuncio libre del amor de Dios que acoge, protege, sabe cómo valorar y hacer sentir parte de su familia”, ha indicado el Secretario de Estado del Vaticano.

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

Apoyo a las familias migrantes

El Cardenal Parolin recordado que uno de los objetivos para los cuales nació la CCIM es el “apoyo a las familias migrantes”, que a menudo emigran a la búsqueda de seguridad y de una vida digna, especialmente para los niños.

La cercanía de la comunidad cristiana y la ayuda concreta y especializada de organizaciones como la vuestra –ha indicado– pueden contribuir a mantener unidas a estas familias evitando que los niños encuentren en redes alternativas la respuesta a sus frustraciones.

Rechazo a la acogida

“La migración hoy se considera sólo como una emergencia o un peligro, –advierte Mons. Pietro Parolin– a pesar de que las naciones, especialmente las más avanzadas económicamente, sin lugar a dudas, deben gran parte de su desarrollo a los inmigrantes”.

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

Discurso del Cardenal Pietro Parolin

Excelencias, damas y caballeros, queridos amigos,

Estoy contento de la oportunidad que me ofrecéis para saludaros y brindaros algunas consideraciones en un momento importante cuando la Comisión Católica Internacional de Migraciones está llamada a dar a la Iglesia y al mundo, además de a sí misma, respuestas adecuadas a las nuevas preguntas y a interrogarse sobre las formas más apropiadas hoy para cumplir su compromiso en situaciones relacionadas con la migración.

Todos aquí sabemos que la CCIM nació como resultado de las sacudidas causadas por la Segunda Guerra Mundial, por voluntad del papa Pío XII, que la instituyó para hacer frente al desplazamiento masivo de refugiados, como un organismo católico internacional de información, coordinación y representación para las migraciones.

 

Desde su creación, los episcopados de las naciones más afectadas por el fenómeno de la migración se involucraron, a través de sus representantes, en la elaboración del estatuto, aprobado oficialmente, a continuación, por el Santo Padre en la carta de 12 de abril de 1951 firmada por el Sustituto de la Secretaría de Estado, el arzobispo Giovanni Battista Montini. El objetivo principal de la Comisión era promover la aplicación de los principios cristianos en el tema de  la migración y de las políticas relativas a las poblaciones y hacer que estos principios fueran adoptados por las organizaciones internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, en particular a favor de la protección de los derechos de la familia.

En los largos años de su actividad como organización católica de alcance internacional, la CCIM, fiel al propósito para el cual fue establecida, se ha distinguido por su acción concreta y por la competencia profesional de su personal, estableciendo relaciones con diversas organizaciones e instituciones de diferentes grados. Prueba de ello es la estima que la CCIM ha obtenido de la comunidad internacional, colaborando, en coherencia con su identidad católica, con agencias internacionales y otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales en varios niveles y en diferentes países. En este sentido, subrayo en particular la capacidad, gradualmente adquirida por la CCIM, para que dialogasen entre sí sujetos diversos: gobiernos y sociedad civil, instituciones humanitarias y de seguridad, organizaciones católicas y aquellas que pertenecen a otras denominaciones cristianas o las que no se identifican con una afiliación religiosa, pero tienen la intención de trabajar por el bien de los inmigrantes. Además, durante años, el CCIM ha coordinado, por encargo de los diferentes gobiernos anfitriones, todo el proceso de participación, en ámbito mundial, de las organizaciones de la sociedad civil en las reuniones del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo, organizando, con éxito, los Días de la sociedad civil.

También podemos recordar que la CCIM ha publicado investigaciones y guías sobre migración con importantes instituciones internacionales (UE y Consejo de Europa, OIM, ACNUR) y de la “sociedad civil”.

Es una experiencia concreta y experta de diálogo que, espero, pueda continuar y extenderse, para crear y sostener esa red de solidaridad, la única que puede responder a las grandes urgencias actuales y, juntas, garantizar la realización de los acuerdos de los que se siente una gran necesidad a nivel internacional.

Con respecto a su materia y sus objetivos, la CCIM trabaja ahora en estrecho contacto con la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral: un trabajo que, aunque comenzó hace poco más de un año,  ya ha dado buenos resultados y ha puesto a disposición de la Sección todo el bagaje de estudio y experiencia adquirido por la CCIM.

Del mismo modo, por su reiterada actividad en organizaciones internacionales, la CCIM actúa en estrecho contacto con la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado y con las Misiones Permanentes de la Santa Sede. En particular, especialmente en el último bienio  y en el presente año, también os habéis comprometido a ofrecer, en colaboración con las Misiones Permanentes en Nueva York y Ginebra, vuestra valiosa contribución a la preparación del Global Compact para una Migración Segura, Ordenada y Regular, y del Global Compact para los Refugiados.

Esperamos realmente que estos dos documentos, de los que están respectivamente en curso las negociaciones y las  consultas, puedan responder verdaderamente  a la necesidad de una mejor protección y defensa de los derechos humanos de estas personas, frente a las reticencias, los replanteamientos y los titubeos de varios Estados, llevando a una colaboración real y justa y a compartir a nivel internacional las responsabilidades y cargas asociadas con la acogida.

En estos días tendréis la oportunidad de examinar el camino recorrido y os preguntaréis cómo la CCIM pueda continuar la tarea para la cual fue fundada, una tarea que ya hemos visto cumplida gracias a un compromiso rico en frutos, que ahora requiere que os  abráis a los nuevos horizontes del servicio a los migrantes y refugiados. Estos, como el Papa Francisco siempre nos recuerda, no son números: son personas, mujeres, hombres, niños, que tienen un rostro, que a menudo sufren y se descartan. Un rostro humano en el que reconocemos el de Cristo, al que queremos servir especialmente en los que son más pequeños y  están más necesitados.

Uno de los objetivos para los cuales nació la CCIM es el apoyo a las familias migrantes, que a menudo emigran a la búsqueda de seguridad y de una vida digna, especialmente para los niños. Sin embargo, muchas de ellas llegan a los países de desembarco después de haber experimentado violencias y abusos durante el viaje, para enfrentarse  luego con nuevas experiencias de miseria y con dificultades antes impensables. La cercanía de la comunidad cristiana y la ayuda concreta y especializada de organizaciones como la vuestra pueden contribuir a mantener unidas a estas familias evitando que los niños encuentren en redes alternativas la respuesta a sus frustraciones.

Por otro lado, aunque en los países de origen de los migrantes el progreso esté también vinculado a su contribución económica a nivel social y familiar, hay en ellos, sin embargo, una dimensión que la Iglesia no puede descuidar. Es la de los miembros de la familia que se han quedado en su tierra natal, a menudo con hijos para mantener, cuando uno de los cónyuges, o ambos, emigran, dejando en casa, para cuidar de ella al otro o a abuelos ancianos, que viven con pobreza y a los que no siempre llegan remesas o éstas son insuficientes. Y a veces el cónyuge no regresa a su país. Este es un aspecto delicado de la migración, lamentablemente generalizado, que requiere más atención y apoyo.

Otro “frente” que se presenta al CCIM a nivel mundial es el del rechazo de la acogida. A pesar de que las naciones, especialmente las más avanzadas económicamente, sin lugar a dudas, deben gran parte de su desarrollo a los inmigrantes, y aunque se conozcan las experiencias -a veces terribles- que causan su migración o que encuentran en el viaje,  la migración hoy se considera sólo como una emergencia o un peligro, a pesar de que se haya convertido en un rasgo característico de nuestra sociedad.

Francisco nos recuerda que “se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a la “cultura del rechazo”- a una actitud que ponga como fundamento la “cultura del encuentro”, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor. “(Mensaje para la Jornada mundial del Emigrante y Refugiado, 2014).

Uno de los compromisos difíciles, que hoy prometen ser más urgentes y necesarios, es precisamente actuar para que se produzca este cambio de actitud, abandonando la cultura dominante del “descarte” y del rechazo. Un trabajo de información y sensibilización con el que vuestra Comisión puede ayudar a la Iglesia Católica a disipar muchos prejuicios y temores infundados referentes a la acogida de los  extranjeros y – sin esconder el esfuerzo que bajo muchos aspectos requiere la acogida –  y a difundir una percepción equilibrada y positiva de la migración.

Es un trabajo importante, entre otras cosas, para la preparación del Pacto Mundial sobre la migración, también en el período comprendido entre la conclusión de las negociaciones intergubernamentales y la Conferencia de Marrakech (del 10 al 11 de diciembre de 2018) que tendrá que adoptarlo: un período delicado que es necesario acompañar sin titubeos, los Estados miembros de la ONU pueden compartir el llamamiento conversación con consciencia y determinación.

A las actitudes de cierre vemos, sin embargo, contraponerse las actitudes positivas de muchos jóvenes que consideran la migración como una dimensión normal de nuestra sociedad, que se ha hecho interdependiente por las conexiones rápidas, las comunicaciones y la necesidad de relaciones a escala mundial. Son dimensiones en las que realmente podemos ver los “signos de los tiempos” que impulsan la solidaridad a escala global.

Gracias a vuestras variadas experiencias “sobre el terreno”, nace, además, otra contribución especial, discreta y competente, para crear rutas alternativas y  seguras  de migración, especialmente cuando éstas son forzadas por eventos violentos o desastres. Os animo a continuar esta tarea que, basado en vuestra competencia, capacidad de diálogo y discreción, es una de las mejores prácticas para salvar vidas, evitando los viajes peligrosos y el recurso a los traficantes; para mantener a las familias unidas; para proteger a los menores necesitados; para crear entre los países lazos de confianza mutua en este ámbito, ahuyentando alarmas sociales que también tienen repercusiones políticas.

Soy consciente de que lo que acabo de subrayar concierne solo algunos horizontes, aunque apremiantes, de vuestro trabajo.

La migración ya forma parte del programa  de cada reunión que tengo con las autoridades gubernamentales que vienen al Vaticano, o que voy a visitar. A menudo recibo de ellos  aprecio y gratitud por la contribución que la Iglesia Católica, también a través de las organizaciones inspiradas por sus principios, ofrece en sus países, para permitir, como nos invita el Papa Francisco, “acoger, proteger”. , promover e integrar” con sentido de responsabilidad y de humanidad, a estos hermanos y hermanas migrantes y refugiados”.

En continuidad con su origen, la CCIM ahora está llamada a renovarse. Esto sucede, lógicamente, cuando se cambian los cuadros directivos. De hecho, en esta Asamblea, los miembros del Comité Directivo cambiarán y se elegirá a una persona para el cargo, que, –recordemos, también es un servicio– , de Presidente. Además, “fortalecidos en un espíritu de solidaridad profética”, también os interrogaréis sobre la necesidad de un nuevo esfuerzo a favor de los migrantes, no solo por lo que respecta a los proyectos externos, sino también a nivel interno. En esta dimensión de comunión también dentro de vosotros, estáis llamados a fortalecer las estructuras y la cohesión de los que trabajan para la CCIM sobre los principios, directrices y objetivos a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, para que vuestra tarea no se quede sólo en un ámbito estrictamente humanitario, sino que a través de ello, las personas ayudadas perciban el influjo del “testimonio” que solo una vivencia personal de fe puede ofrecer.

Es una unidad y una comunión que deseamos involucre en este servicio eclesial a todos los miembros de la Comisión y a aquellos que se esfuerzan en la realización de vuestros objetivos. Espero, a este respecto que mis hermanos obispos aprecien cada vez más el servicio que ofrece la CCIM, que la promuevan y ayuden a crecer de acuerdo a su fisonomía de institución “de Iglesia” y “por la Iglesia”.

Al mismo tiempo que os aseguro un recuerdo especial en la oración por vosotros, por vuestro trabajo y porque la Comisión Católica Internacional de Migraciones prosiga y se manifiesta cada vez más como un signo concreto de hermandad en el mundo y en la Iglesia, deseo recordar lo que Francisco  ha afirmado al  final de los ejercicios espirituales, el pasado 23 de febrero: “la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo, (…) el Espíritu también vuela y trabaja fuera. (…) trabaja en los no creyentes, en los “paganos”, en las personas de otras religiones: Es universal, es el Espíritu de Dios, que es para todos. Llevemos, pues, a todos, a través de nuestro amor concreto, este anuncio libre del amor de Dios que acoge, protege, sabe cómo valorar y hacer sentir parte de su familia. Dios, que sabe recompensar cada esfuerzo, cada gesto de buena voluntad, nos ayude a abrirnos sin temor o reticencia a las nuevas llamadas del Espíritu para el bien de los hermanos. ¡Os deseo, por lo tanto, un trabajo bueno y fructífero!

 

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