“..LA PERIFERIA DE LA EXCLUSIÓN INFANTIL”

Como dice una bella canción de adviento , y no es mi pretensión adelantar la Navidad tan manipulada y vapuleada por los intereses comerciales, “..si hay un niño que llora sin pan, aunque suenen canciones y fiestas no podremos tener Navidad”. Y esto es muy serio porque estamos asistiendo a una situación de emergencia nacional que está siendo desatendida. DOLOR

Según el VII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España 2014, publicado por la Fundación FOESSA el pasado mes de Octubre, la exclusión en España afecta a más de 11.746.000 personas, es decir, al 25% de la población. Dos de cada tres ya estaban excluidos antes de la brutal crisis que está padeciendo nuestro país. Las familias de mayor tamaño son las más afectadas, sobre todo en las que hay muchos niños y jóvenes. El 35% de los jóvenes viven en hogares excluidos y el 27% de los jóvenes desocupados están fuera del sistema educativo. Se ha incrementado la desigualdad salarial a la par que se han reducido las prestaciones sociales. El porcentaje de hogares afectados por la crisis en la renta ha aumentado un 50% en los últimos años. La crisis y los recortes en educación, salud y prestaciones sociales han castigado a los más vulnerables.

Dentro de las etapas del crecimiento infantil, durante el periodo de los dos primeros años se determinan las capacidades de aprendizaje, las oportunidades, la seguridad, la autoestima….. elementos que condicionan la capacidad de desarrollo  futuro. La pobreza extrema que viven muchos niños y niñas afectará gravemente a éstos elementos.

Lo peor sin duda de toda ésta situación es el deterioro de la persona y de la propia familia, donde los niños van a dar los primeros y vitales pasos de su crecimiento como personas. En éste entorno adulto, se da un deterioro integral de la persona, de su autoestima y su dignidad, de la moralidad,…… provocando situaciones de desestructuración familiar,  ausencia de valores humanos, falta de motivación , desidia y dejadez personal….. Dentro de éste contexto, muchos niños crecen careciendo de modelos de identificación que les ayude a hacerse personas capaces de afrontar la realidad y luchar para salir de ella. Es, por tanto, una responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, realizar una labor conjunta con las familias más desfavorecidas de nuestro entorno ayudando a potenciar la educación en valores, fomentar y motivar el aprendizaje en los niños y jóvenes, crear ámbitos y espacios donde se sientan contentos  y se favorezca su crecimiento personal, para salir de las diversas situaciones de marginalidad. Esto es lo que viene pretendiendo la recién creada Sección de infancia y juventud en riesgo de la Comisión Episcopal de Migraciones.

Las administraciones públicas reducen sus presupuestos, desatienden los barrios y colectivos más desfavorecidos cuando más se necesita; es por tanto un trabajo de todo el pueblo de Dios que ha de estar al servicio de los excluidos de la sociedad, es decir, de los que ya están fuera de la propia sociedad. Es salir a las periferias como nos dice el papa Francisco, al encuentro  de los que están en las cunetas, apartados y tirados, como la parábola del buen samaritano…… y los niños han de ser siempre una prioridad, son los más pobres de entre los pobres por eso, cuanto más pobres más nuestros han de ser, como decía San Leonardo Murialdo.

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