Los obispos españoles denuncian “la irrelevancia política” de los menores migrantes

Menores imigrantes, solos y desprotegidos

Menores imigrantes, solos y desprotegidos

“Ni la sociedad ni el gobierno pueden mirar para otro lado y cerrar los ojos ante esta realidad” rELIGIÓN DIGITAL 

(Jesús Bastante).-Menores migrantes, vulnerables y sin voz“, es el lema de la Jornada Mundial de las Migraciones, que la Iglesia celebra este domingo. En su mensaje, los obispos españoles, con el Papa, invitan a los gobernantes a que “tengan en cuenta en sus decisiones políticas los sufrimientos de los niños en situación de riesgo y pongan remedio cuanto antes a sus males”.

Menores, extranjeros e indefensos… Ellos son quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos”, apuntan los obispos, quienes apelan a la Convención sobre los Derechos del Niño para recordar “el derecho a ser protegidos por la sociedad y el Estado cuando se encuentran en situación de vulnerabilidad”, o la obligación a los gobiernos de “tomar medidas para proteger a los niños de la violencia, de toda clase de explotación, de la trata de personas y de toda aquello que pueda dañar su desarrollo humano integral”.

“Las leyes Internacionales y nacionales están muy claras respecto a la protección de los menores frente a toda agresión. Entonces nos preguntamos ¿por qué existen en estos momentos, según las cifras que facilita UNICEF, 1,8 millones de niños víctimas de la explotación sexual, 300.000 niños víctimas de la violencia y de la guerra, 168 millones sometidos al trabajo infantil?”, subraya el mensaje.

La respuesta es contundente: “la irrelevancia política de los niños en situación de exclusión y, por tanto , que no sean tenidos en cuenta por los gobiernos a la hora de las decisiones políticas”. Frente a esta realidad, los obispos llaman a “tomar conciencia de que los niños migrantes son una parte de esos menores de edad que sufren las consecuencias de la injusticia, de la falta de respeto a sus derechos fundamentales y de la indiferencia de la sociedad”.

“Un niño migrante no acompañado no tiene nada más que el día y la noche. Pensemos, por un momento las penurias que tiene que sufrir cuando sale de su país con lágrimas en los ojos mirando hacia atrás donde deja a sus padres porque no le pueden dar un futuro digno”, apuntan los obispos, quienes describen cómo cada menor “se une a los adultos que huyen de la hambruna, de la guerra o de la falta de libertad. Sufre las penalidades propias del camino migrante sin el calor del hogar, sin poder estudiar y jugar, con hambre y con sed. Sus almas laceradas por la injusticia se reflejan en sus rostros trises, inmóviles y sin expresión”.

“¿Quién saldrá a su encuentro al llegar, si llega, a su destino?”, añaden. “La calle, la plaza pública donde, si acaso, con otros menores emprenderán la huida permanente hacia adelante para que las autoridades no los internen en los Centros preparados para acogerlos” denuncian, pues “la vía pública es como el hampa, está plagada de violencia, intereses bastardos y trapicheos“.

 

El drama de los menores refugiados

El drama de los menores refugiados”En este ambiente crecerán los menores migrantes, solos, sin una caricia ni un gesto de ternura que calme su angustia. Este panorama es el que, desgraciadamente, viven los niños migrantes en bastantes países del mundo”.

 

Un grito silencioso, que no es escucha en los medios o los Parlamentos. “Alguien ha de gritar con ellos y en su nombre. Alguien ha de prestar su voz para que su situación llegue a oídos de quienes tienen la posibilidad de solucionar sus problemas”. ¿Quién? “La Iglesia quiere estar al lado de estos menores migrantes y hacer todo lo posible para sensibilizar a la sociedad sobre esta dramática situación que están viviendo millones de niños que no tienen futuro porque la injusta sociedad humana se lo niega”.

Porque, como asegura Francisco, “nadie es extranjero en la comunidad cristiana, que abraza «todas las naciones, razas, pueblos y lenguas»”. En España, mientras tanto, crece el número de menores sin hogar, como consecuencia de la inmigración, las rupturas familiares y otras circunstancias; chicos y chicas “sin el deseado ambiente familiar, escolar y lúdico”.

“Es necesario parar este flujo de menores que, si bien, durante el periodo de escolarización están tutelados, sin embargo, en cuanto alcanzan la mayoría de edad, quedan solos en la calle con todos los riesgos y peligros que ello conlleva“, añade el mensaje episcopal.

Ni la sociedad ni el gobierno pueden mirar para otro lado y cerrar los ojos ante esta realidad. Es necesario seguir trabajando para que se promulguen leyes justas que apoyen la unidad familiar y respeten escrupulosamente los derechos del menor”, concluye el texto, que anima a “realizar todos los esfuerzos posibles para que la acogida de los menores migrantes, en los centros o en las familias, sea digna de modo que los menores puedan disfrutar de los medios necesarios para desarrollar su personalidad y superar los traumas que han dejado en ellos las circunstancias de la inmigración”.

“Por último, aunque deberá ser lo primero, es absolutamente necesario un nuevo orden económico internacional basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos para que el mundo sea casa común de todos los hombres”, exige el mensaje de los obispos, que “hacemos una llamada a nuestras comunidades para que estén atentas a este fenómeno, que forma parte de las nuevas esclavitudes, y ofrezcan los recursos humanos, pastorales y materiales para responder a este desafío, especialmente dolorosos, por afectar a los niños, las personas más desvalidas y, por eso , las más necesitadas de protección y ayuda”.

 

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