Niños de la calle: la otra cara de la inmigración

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IMG_3844Oímos hablar de inmigración, de ley de extranjería, de inmigrantes ilegales que mueren antes de poder acceder a nuestras costas, de manifestaciones, de huelgas de hambre por parte de los inmigrantes, de permisos de residencia, de trabajo. Pero éstas no son, ni mucho menos, las únicas preocupaciones que nos deben ocupar, no son los únicos problemas que comporta la inmigración, no es la única cara de la moneda. 

Con una denominación casi de origen, los “niños de la calle” malviven en nuestro país, roban, delinquen, se drogan y sufren todo tipo de vejaciones a cambio de algo de dinero para poder sobrevivir. Y lo peor es que son conscientes de su situación y la sufren día tras día.

Sufren el rechazo social, la discriminación, la incomprensión de sus vecinos, el abuso de las mafias, la violencia sexual Sufren la soledad, el tener que vivir al raso, el sentirse desamparados y es cada vez mayor el número de menores que sufre. Son sólo niños, emigrantes de origen magrebí que abandonaron su país de origen siendo muy pequeños debido a la falta de expectativas laborales, al abandono de la escuela y a la precariedad económica de sus familias, la mayoría de ellas numerosas, y así se convirtieron en niños de la calle, en pequeños desamparados repartidos en barrios, sobre todo, de Ceuta y Melilla, pero también de núcleos de Madrid, Barcelona y otras ciudades de nuestro país.

De la ilusión a la decepción

Aquí en España tienen derecho a la tutela del Estado, pero cuando cumplen 18 años son repatriados. A veces son considerados un problema social, otras un problema de orden público, otras un problema policial. El caso es que existen centros de acogida para el menor, pero, a parte de estar la mayoría desbordados, son muchos los niños de la calle que renuncian a esta opción. Gran parte de ellos ha solicitado en algún momento amparo institucional, pero acaban renunciando a él “por la sensación de estar retenidos”, según un informe del Casal d’Infants del Raval. Así, llegan a España con “un proyecto personal de inserción y trabajo”, la mayoría con “un gran interés por la formación y la inserción laboral”, según el mismo informe, pero acaban cayendo en el desánimo y la frustración debido a su precaria situación. Se niegan a vivir en los centros de menores de la Dirección General de Atención a la Infancia (DGAI) y ello aumenta s peligro de marginación en la sociedad.

Deterioro personal

Hambre, frío, drogas, violencia y soledad son solamente algunos de los factores que inciden en la desmotivación de los niños de la calle, pero hay otro aspecto presente de igual o mayor importancia en el desarrollo de estos menores. Se trata del grave deterioro físico que sufren muchos de estos niños producido por el hecho de llevar, en algunos casos, más de tres meses seguidos en la calle. Y todo es una rueda: mayor deterioro físico, menos posibilidades de integración, y cuantas menos posibilidades de integración, mayor deterioro físico. Así se presenta el futuro de estos menores desamparados, uno de los mayores dramas actuales ligado al de la inmigración ilegal. Se trata de un deterioro físico pero también psíquico, debido al consumo de tóxicos, que les lleva a dinámicas agresivas o autolesivas, así como a llevar a cabo delitos en grupo de forma habitual.
El Casal d’Infants del Raval ha criticado “que exista un incumplimiento legal en el ejercicio práctico de las competencias de la Administración en general respecto a este colectivo”, así como la falta de voluntad para asumir las competencias en materia de infancia por parte de la administración autonómica, que también tiene competencias. (La Razón, 26/02/01). No obstante, hace unos días la Generalitat de Catalunya llegó a un principio de acuerdo con el gobierno marroquí con el fin de repatriar a un total de 40 niños de la calle que han rechazado la tutela de la administración catalana y que son considerados conflictivos. El objetivo del acuerdo es facilitar la reagrupación familiar de los menores .aunque en muchos casos los padres de éstos se desentienden completamente de sus hijos- y conseguir que el retorno tenga un efecto “disuasorio” en otros niños que quieran meterse en la misma aventura.

Familias de acogida. Una esperanza

Con la finalidad de conseguir la integración de estos niños varias entidades y organizaciones han elaborado un proyecto común consistente en una campaña de acogida para los menores inmigrantes por parte de familias residentes en el país. Cruz Roja Catalunya y el Instituto Catalán de Acogida son dos de las organizaciones colaboradoras.
Lo que se pretende es ofrecer a los niños de la calle un entorno normalizador que les permita una mejor inserción social, cultural y laboral, que les dé estabilidad. De esta manera se evitarían problemas de salud, drogadicción, delincuencia y otras consecuencias propias del entorno de estos menores y se evita, además, que al alcanzar la mayoría de edad y salir de los centros de acogida los jóvenes se encuentren en una situación de inadaptación y sin los papeles en regla, lo cual les llevaría por segunda vez a vivir desamparados, a pasar hambre y frío y, posiblemente, a delinquir.
Los niños de la calle con opción a ser acogidos por familias deben cumplir una serie de requisitos, entre ellos, tener entre 15 y 17 años, haber completado un plan educativo en los centros de la Dirección General de Atención a la Infancia y aceptar un plan de trabajo que los oriente hacia un futuro laboral más o menos seguro. Los menores de 15 años también podrán optar a una familia de acogida, pero con un plan de trabajo específico en cada caso.
Esta medida de integración, además de ofrecer una familia a los inmigrantes, ayuda a descongestionar los centros públicos de acogida, así éstos podrán recibir a otros menores en la misma situación.

Algunos porcentajes de interés

Un informe elaborado por el Casal d’Infants del Raval analiza la evolución de los niños de la calle en Barcelona. Estas son algunas de las cifras que recoge el documento:

  • El 35 por ciento de los niños que malviven en las calles de la ciudad lleva más de ocho meses en el más absoluto y lamentable abandono
  • El 15 por ciento (compuesto sobre todo por los más pequeños) presentan un gran deterioro físico y psíquico
  • Casi la mitad de ellos son habituales consumidores de drogas, especialmente de disolventes y colas
  • El 88 por ciento ha participado en acciones delictivas
  • El 83 por ciento son estables geográficamente, mientras que un 17 por ciento cambia de ciudad periódicamente
  • Todos ellos son detenidos por la policía una media mensual de seis veces
  • El 80 por ciento son menores de edad y la mitad de los mayores alcanzó los 18 años en Cataluña
  • El 57 por ciento se ha escapado de los centros de acogida y protección de menores
  • El 82 por ciento ha solicitado en alguna ocasión medidas de protección para salir del desamparo
  • El 75 por ciento tenía un proyecto personal de inserción y trabajo, por ello emigró
  • El 77 por ciento muestra un gran interés por la formación y el trabajo

 

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