El Papa defiende la cultura multiétnica en una misa ante un millón de personas en Milán

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Milán 25/03/2017

Ante un millón de personas congregadas en un enorme parque de Monza, a 20 kilómetros de Milán, entre ellos numerosos inmigrantes que trabajan en el norte industrializado de Italia, el papa Francisco defendió este sábado la cultura “mutiétnica”, que no teme al diferente. El pontífice argentino elogió al pueblo “formado por mil rostros”, capaz de recibir e integrar al otro.

 “Un pueblo formado por mil rostros, historias y orígenes, es un pueblo multiétnico y multicultural. Esa es nuestra riqueza”, dijo el papa, coincidiendo con la conmemoración del 60º aniversario de la firma del tratado de Roma, que dio origen a la actual Unión Europea (UE). “Un pueblo así debe hospedar al diferente, integrarlo con respeto y creatividad y celebrar la novedad que proviene del otro. Ese pueblo no teme abrazar las fronteras ni acoger“, añadió el pontífice, que dedicó buena parte de sus ocho horas de visita a Milán a los más pobres y olvidados de esa región.

 El papa, que dice de sí mismo que viene “del fin del mundo”, quiso almorzar luego con los detenidos de la cárcel de San Vittore, una de la más pobladas de Italia. El menú (risotto, carne empanada y pannacotta) había sido preparado por los mismos presos. El papa hizo una siesta de cerca 30 minutos en la habitación del capellán de la cárcel.

La breve visita del papa argentino se inició muy temprano con una etapa en un barrio popular y periférico de la capital económica de Italia. “Vengo como sacerdote para estar con ustedes”, dijo al llegar. “La Iglesia no debe quedarse en el centro a esperar, sino que tiene que ir al encuentro de todos, ir a las periferias, encontrar no creyentes y no cristianos”, explicó el pontífice argentino.

La otra cara de Milán

El Papa Francisco saluda desde el papamóvil. MAX ROSSI |REUTERS

El pontífice conoció así personalmente la otra cara de la ciudad, emblema de la moda y el lujo. En el popular Case Bianche (Casas Blancas), Francisco se reunió con varias familias, entre ellas una formada por musulmanes con varios hijos, para escuchar sus problemas. En este barrio multiétnico, donde viven familias gitanas, musulmanas y de inmigrantes de varias nacionalidades, el papa latinoamericano recibió la ovación de los vecinos.

Después de conversar con las familias, oró frente a un pequeño santuario dedicado a la Virgen de Lourdes rodeado por cientos de niños y jóvenes, muchos de ellos provenientes de otros barrios cercanos, que se tomaban selfies con sus móviles. “Mucha gente, incluso no cristiana, quiere participar. Francisco inspira confianza. Quiere que la Iglesia salga de sus palacios y eso es lo que tratamos de hacer en nuestra pequeña parroquia”, sostuvo Cesare Nera, un vecino de un barrio aledaño que había participado en los preparativos.

Antes de llegar, rompió el protocolo y entró a un baño portátil, un gesto que llamó la atención de los fotógrafos. Francisco visitó igualmente el Duomo, la espléndida catedral gótica en pleno centro histórico, donde rezó el Ángelus ante miles de fieles que lo esperaban desde muy temprano bajo un fuerte calor.

El pontífice argentino, gran amante del fútbol, ha concluido su jornada con un encuentro con los jóvenes en el legendario estadio de San Siro de Milán.

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