Jóvenes españoles experimentan lo que significa ser refugiados

© ACNUR/M. J. Vega. Las instalaciones de saneamiento forman parte indispensable de la vida en un campo de refugiados, y también estuvieron presentes ese fin de semana para los chicos y chicas que acudieron al simulacro. Cerca de las tiendas se levantaron las letrinas que se ven en la foto.

© ACNUR/M. J. Vega. Instalaciones de Saneamiento

En un terreno de tierra negra, pedregoso y volcánico de Las Palmas de Gran Canaria, que recuerda al lugar donde se levantan los asentamientos de desplazados congoleños en Goma, la capital de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo, se llevó a cabo el pasado fin de semana una simulación de campo de refugiados que permitió a casi un centenar de personas acercarse a la realidad de los refugiados y ponerse en su piel por unas horas.

Se trata de la segunda simulación de campo de refugiados organizada por el Centro Universitario de Cooperación Internacional para el Desarrollo (CUCID) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Concebido como una actividad de sensibilización y formación en materia de refugiados y cooperación internacional englobada en el mes temático de “Acción Humanitaria”, ACNUR ha colaborado durante un fin de semana en el desarrollo de esta actividad junto a otras organizaciones humanitarias con amplia experiencia en la atención a refugiados y desplazados a nivel nacional y en contextos de crisis.

El ejercicio se centró en el contexto de la crisis de Malí y a cada participante se le asignó un perfil tomado de casos reales de refugiados malienses en Mauritania. Los participantes tuvieron que localizar a los miembros de sus familias de diferentes edades, sexo, y con distintas vulnerabilidades, que se encontraban entre el grupo, antes para emprender el camino del exilio juntos, durante el cual se han enfrentado a diferentes obstáculos.

“Me llamo Fatoumata, vengo de Gao; estoy sola con mis cuatro hijos menores y perdí a mi marido durante los combates entre rebeldes y fuerzas gubernamentales. Llevamos una semana de camino sin apenas agua ni comida”, comentaba una de las participantes en el punto de registro a su llegada al campamento de refugiados, donde el personal de ACNUR tomaba nota de sus datos de identificación, analizaba sus necesidades de protección, les ponía un brazalete identificativo y entregaba a la familia una tarjeta de registro y racionamiento. En la vida real, esta mujer ya había sido refugiada cuando era niña en los años 80, por un conflicto anterior en la misma región que motivó la huida de su familia hacia el exilio.

La distribución de alimentos para dos días y de materiales de ayuda humanitaria no perecederos, incluyendo plásticos aislantes, la elección de líderes “refugiados” o la asignación de una tienda o agua racionada, han sido algunas de las experiencias por las que han tenido que pasar estos jóvenes que participaron en este simulacro con el fin de conocer mejor el funcionamiento y la organización de un campo de refugiados.

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