La UE “complice” de las torturas de migrantes en Libia

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La organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF) ha denunciado este jueves  “torturas” y “crueldad sistemática” en los campos “oficiales” de detención de los inmigrantes interceptados por la guardia costera en Libia.

“Los gobiernos europeos prefieren tener detenida a la gente en esta situación, pero no pueden seguir siendo detenidos y enviados a Libia”, ha afirmado la presidenta internacional de MSF, Joanne Liu, que ha mantenido una postura muy crítica con la política migratoria de la UE.

En una rueda de prensa, Liu ha explicado que “las mujeres embarazadas son violadas” y advirtió de que la situación en Libia para los inmigrantes es “atroz”.

Los líderes de la Unión Europea, que financian estos campos de detención, son “cómplices” de esta situación, según MSF, y deben “responder”.
“La semana pasada he visitado varios centros oficiales de detención y estos son solo la punta del iceberg. Las personas son consideradas materia prima para ser explotadas. Están siendo hacinados en cuartos oscuros, sin ventilación, rodeados de aguas residuales“, ha alertado Liu.

En una carta a los países europeos, ha añadido que el sistema de detención en Libia es “una compañía eficiente de secuestros, torturas y extorsión”.

Según datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), más de 121.527 inmigrantes irregulares han logrado cruzar a Europa en lo que va de año, mientras que más de 2.400 han desaparecido en el mar.

La mayoría sigue llegando a Italia desde Libia (98.282 frente a 105.357 del año pasado) por la ruta del Mediterráneo central, seguido de Grecia (14.349 frente a 163.105), España (8.385 frente a 3.805) y Chipre (501 frente a 345).

Por: Radio Internacional / 8 septiembre, 2017

Refugiados nigerianos: el bautismo es “la certeza de una nueva vida”

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Refugiados nigerianos: el bautismo es “la certeza de una nueva vida” – ZENIT – Espanol

(ZENIT – 31 Agosto 2017).- “El bautismo significa para nosotros la certeza de una nueva vida”, afirmaron Vittorio, Giovanni y Fortunato, tres jóvenes refugiados nigerianos recién bautizados en Italia.

Ellos fueron recibidos por el papa Francisco este miércoles 30 de agosto de 2017, en la Audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro. Los nigerianos fueron bautizados el 16 de agosto, junto a otros 11 jóvenes, en la ciudad de Chiusi, tras una arriesgada travesía del Mediterráneo desde África en busca de un futuro mejor.

“Hemos dejado nuestras tierras –aseguran los refugiados– y hemos conocido la pobreza y la violencia, hemos sobrevivido a una aterradora travesía en el mar y el bautismo significa para nosotros la certeza de una nueva vida”.

Los tres chicos, narra L´Osservatore Romano, llevan un pequeño crucifijo de madera al cuello: “Es el signo del bautismo”, que recibieron el 16 de agosto en Chiusi, junto con once refugiados que llegaron, como ellos, desde Nigeria. Una señal que mostraron al papa Francisco, quien los recibió con los brazos abiertos en la plaza de San Pedro para la audiencia general después del habitual paseo con el jeep en el que también subieron algunos niños.

Señala el diario del Vaticano que algunos de ellos ya habían comenzado un camino de fe en Nigeria. Otros, sin embargo, quedaron impresionados por los testimonios de los voluntarios de la parroquia de Santa María de la Paz, en Chiusi: “Nos preguntamos qué llevó a esa gente a darnos la bienvenida sin pedir nada a cambio”, dicen los refugiados, “y así hemos encontrado que las raíces de su estilo de vida son el amor de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia”.

Además, acompañaron a estos jóvenes al Vaticano las personas que les dieron la bienvenida en Chiusi y que el 16 de agosto estaban a su lado cuando recibieron el bautismo, como madrinas y padrinos, apunta L’ Osservatore Romano.

El párroco, don Antonio Canestri, no oculta “las grandes dificultades de integración: es casi imposible encontrar un trabajo regular para estos chicos, no podemos hacer nada más que abrir las puertas de nuestras comunidades y compartir lo que tenemos”, señala al periódico. Y ha sido significativo en toda la diócesis –añade el sacerdote– que el bautismo fuera administrado por el obispo de Montepulciano-Chiusi-Pienza, monseñor Stefano Manetti, en la antigua catedral de Chiusi.

Futbolistas brasileños
Asimismo, el diario del Vaticano cuenta que “con especial afecto”, el papa Francisco también dio la bienvenida a Jakson Follmann y Alan Ruschel, dos de los tres futbolistas brasileños que sobrevivieron al accidente de avión en el que viajó el equipo Chapecoense el 28 de noviembre, hace un año, en las colinas de Medellín.

Junto a ellos abrazó y alentó a los miembros del equipo y familiares de las víctimas. “Debía haber sido –al Papa uno de los dos sobrevivientes con una voz fuerte– el viaje de los sueños, lo que nos habría llevado al final histórico de la Copa Sudamericana, pero se convirtió en una tragedia que altera nuestras vidas, el mundo del deporte y a todo el Brasil”, indica L´Osservatore Romano.

16 de julio, Día de las gentes del mar

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http://www.alfayomega.es/119707/estelas-en-la-mar

Casi 1.200.000 marineros (la mayoría provenientes de los países en vías de desarrollo) a bordo de 50.000 buques mercantes viven expuestos a penalidades y riesgos considerables. La Iglesia les recuerda especialmente el 16 de julio, día de las gentes del mar.

Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar». Estas son las exclama­ciones líricas más famosas y más cantadas de Antonio Machado. Mu­cho debemos a ciertos cantautores españoles. Miguel Ríos se atrevió a grabar, allá por los 70, el Himno a la alegría desde la Novena sinfonía de Beethoven, que luego arregló y diri­gió Waldo de los Ríos, muy atacado precisamente por hacer versiones ligeras de grandes obras de música clásica. Luis Eduardo Aute nos dejó Rosas en el mar, cantó Al alba y Las cuatro y diez. Ana Belén y Víctor Manuel cantaron juntos o por sepa­rado en la Transición –que algunos quieren borrar del mapa– abriendo y cerrando La muralla. Juan Manuel Serrat puso voz y música a los versos de Miguel Hernández, Alberti, García Lorca, Neruda y Benedetti o Macha­do, con los versos que encabezan este comentario sobre el día de las gentes del mar.

 

El 16 de julio se celebra la fiesta de la Virgen del Carmen. El deseo de la Iglesia para esta jornada es también cantar, es decir, hacer visible a los in­visibles (como en tantas ocasiones). En este caso, visibiliza a marineros y pescadores. A muchos de nosotros, cómoda­mente instalados en nuestra casa, nos es difícil comprender –sobre todo a los de tierra adentro– hasta qué punto nuestra vida cotidiana depende del mar y sus trabajadores. Y, sin embar­go, muchas cosas de uso cotidiano, pe­queñas o grandes, nos llegan por ellos. Casi 1.200.000 marineros (la mayoría procedentes de los países en vías de desarrollo) a bordo de 50.000 buques mercantes transportan casi el 90 % de mercancías de todo tipo. Buques expuestos a riesgos considerables, inermes a la fuerza a veces  despiada­da del mar. Pero son los marineros los que están arriesgando su vida.

La Iglesia desea este año que «la fuerza de la fe» acompañe a esas otras fuerzas y embates que sufren los ma­rinos. Les afectan no solo los peligros de las fuerzas de la naturaleza, sino también la piratería y los atracos a mano armada. Tripulaciones afecta­das también por el hecho de pasar de un país a otro, de cambiar y tener que adaptarse constantemente a nuevas situaciones. Sin contar cuando, des­pués de días y semanas en el mar, se les niega el derecho a bajar a tierra firme y abandonar el barco.

Quedan como Atrapados en la red. Precisamente, este es el lema del XXIV Congreso Mundial del Aposto­lado del Mar (centrado esta vez en los pescadores), que se celebrará en Tai­wán en octubre. Porque, entre otros casos, el sector pesquero está plagado de casos de trata de seres humanos, de trabajo forzoso. Atrapados en la red. Que de esto también se hace eco el mensaje de la Iglesia española

 

El mar como cementerio

El mensaje también alude otras es­telas más trágicas. No se podía dejar pasar la ocasión para dirigir la mira­da marina a las oleadas de migrantes muertos en nuestro cementerio com­partido, el mar Mediterráneo, aquel que tan bellamente cantaba también Serrat como lugar de encuentro. Las estelas del Mediterráneo se cubren de cadáveres flotantes o personas naufragadas donde muchos mercan­tes acuden en su auxilio. Como tam­bién lo hacen tantas embarcaciones oficiales de salvamento. ¡Y muchas ONG ejemplares sin ningún barniz de buenismo fácil, sino arriesgando sus propias vidas, a pesar de lo que diga algún político!

 

Machado, el Papa Francisco, tam­bién el obispo promotor del Apostola­do del Mar, monseñor Luis Quinteiro; tú y yo… soñamos estelas limpias. En la encíclica Laudato si se mencionan precisamente algunas de las amena­zas que afectan los recursos naturales marinos: «Muchas de las barreras de coral del mundo hoy ya son estériles o están en un continuo estado de decli­nación: “¿Quién ha convertido el ma­ravilloso mundo marino en cemente­rios subacuáticos despojados de vida y de color?”».

Dios y el mar de Machado

Muchos dicen que cuando Antonio Machado quiere hablar de Dios lo hace hablando del mar:

«Érase de un marinero

que hizo un jardín junto al mar,

y se metió a jardinero.

Estaba el jardín en flor.

Y el jardinero se fue

por esos mares de Dios».

A Dios lo encuentran muchos en el mar, ya sea el mar de Castilla o el de los océanos. «Los hombres y las mu­jeres del mar –dice el mensaje episco­pal–, oteadores de amplios horizontes, saben que con la fuerza de la fe nues­tro horizonte vital se amplía hasta límites insospechados».

Al fin y al cabo, «nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar». Lo dijo Jorge Manrique. O lo podría haber dicho Machado. O tú y yo, con palabras más sencillas. Porque ansia­mos a Dios y su reino liberador cuan­do navegamos –ojalá que ligeros de equipaje– en la barca marinera de la vida. Imagen que surcará estos días aguas y puertos guiada por la Virgen del Carmen, de cuyo seno Jesús asu­mió nuestra humanidad, dejando aquí para quien quiera su limpia estela. Como a los hijos de la mar.

 

José Luis Pinilla, SJ

Director del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal España

Domingo del Mar: el Vaticano denuncia la explotación de los trabajadores marítimos

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El Vaticano denuncia la explotación de los trabajadores marítimos – ZENIT –Mensaje- Cardenal Peter K.A. Turkson 

“Siguen siendo numerosos los casos de tripulaciones que han sido engañadas en cuanto a su salario, que son explotadas y maltratadas en su puesto de trabajo, criminalizadas injustamente por accidentes marítimos y abandonadas en puertos extranjeros” dice este ensaje del cardenal Peter Turkson para el Domingo del Mar, este 9 de julio de 2017.

Con motivo del día dedicado al Domingo del Mar,  el Departamento para el Servicio del Desarrollo Humano integral ha enviado a los capellanes, voluntarios y amigos del Mar, un mensaje de felicitación y agradecimiento por el trabajo que hacen.

En particular, el mensaje recuerda la importancia de proteger los derechos de las personas que trabajan en el mar, expresado en el Convenio sobre el trabajo marítimo de 2006  y anuncia el XXIV Congreso Mundial del Mar, dedicado a la pesca y a los pescadores, que se realizará en Kaohsiung  (Taiwan) en octubre de 2017.

“Si bien es nuestro deber prestar toda la asistencia y el apoyo necesario a las tripulaciones en apuros y que experimentan grandes dificultades, instamos también a todas las autoridades marítimas a velar con mayor atención e intervenir para prevenir abusos y reparar cualquier injusticia que éstas hayan podido padecer”, añadie el cardenal del Ghana.

Un tweet de este domingo @Pontifex_es dice: “Encomiendo a los marineros, a los pescadores y a cuantos se encuentran lejos de casa, a la protección maternal de María, Estrella del mar.”

AB/RA

Mensaje para el Domingo del Mar 2017 (9 de julio de 2017)

Queridos capellanes, voluntarios, amigos y bienhechores del Apostolado del Mar,

En nuestra vida cotidiana, empleamos y estamos constantemente rodeados de muchos objetos y productos que, en alguna fase de su travesía hacia nosotros, han sido transportados en barco. Nos resulta difícil imaginar que detrás de cada uno de estos objetos hay un rostro que pertenece a uno de los muchos marinos que han hecho todo lo posible para que el buque entregara, de forma segura, estas mercancías en el puerto.

En este Domingo del Mar se nos invita a reconocer y a expresar nuestro agradecimiento a esta fuerza laboral compuesta por más de 1,5 millones de marinos (que en su gran mayoría proceden de países en vías de desarrollo). Gracias a su duro trabajo y a los sacrificios que hacen, nuestra vida es más cómoda puesto que transportan, de un país a otro y por los siete mares, casi el 90% de las mercancías.

Aunque su aportación es esencial para la economía del mundo globalizado, son muchas las dificultades y los retos a los que se tienen que enfrentar estas personas y que afectan su vida y su dignidad. Me gustaría aquí recordar algunos:

A pesar de los grandes progresos alcanzados en ámbito tecnológico, que han mejorado la comunicación entre los marinos y sus seres queridos, los largos meses que viven alejados de la familia siguen siendo un enorme sacrificio que a menudo se repercute negativamente en la vida familiar. Las madres que se quedan solas tienen que ejercer funciones múltiples con niños que crecen con un padre siempre ausente. Es importante que en nuestro ministerio pastoral prestemos especial atención a las familias de los marinos, poniendo en marcha y respaldando la creación de grupos de apoyo para esposas de marinos al fin de proporcionar cuidado recíproco y asistencia.

El uso de las redes sociales le permite a la tripulación estar conectada con muchas personas en todo el mundo, pero a la vez, vivir desconectados y aislados los unos de los otros cuando están a bordo, porque cada uno vive aislado en el mundo virtual en el que busca refugio durante su tiempo libre. Nuestra función, especialmente durante las visitas a bordo, es la de intentar crear una “conexión humana” y fortalecer la “comunicación humana” entre los miembros de la tripulación para evitar la soledad, el aislamiento y la depresión, que podrían llevar al suicidio, que según un reciente estudio publicado en Gran Bretaña por el P&I Club es la principal causa de muerte entre la gente de mar.

La amenaza creciente que representa el terrorismo en todo el mundo exige nuevas medidas de seguridad que limitan aún más, en algunos puertos, la posibilidad de que los marinos puedan bajar a tierra y a veces, incluso, que los asistentes para el bienestar puedan subir al barco. Si bien comprendemos la necesidad de transformar los puertos en “un lugar seguro” para las personas y las mercancías, debemos también asegurarnos de que nadie sea víctima de discriminación o se le impida bajar a tierra por razones de nacionalidad, de raza o de religión, y debemos abogar por el derecho fundamental de las tripulaciones según el cual éstas deben tener acceso “a instalaciones y servicios en tierra que protejan su salud y su bienestar” (MLC 2006, Título 4, Regla 4,4).

A pesar de la adopción y entrada en vigor, en el mes de agosto de 2013, del MLC 2006, que establece los requisitos internacionales mínimos de los derechos humanos y laborales de la gente de mar, siguen siendo numerosos los casos de tripulaciones que han sido engañadas en cuanto a su salario, que son explotadas y maltratadas en su puesto de trabajo, criminalizadas injustamente por accidentes marítimos y abandonadas en puertos extranjeros. Si bien es nuestro deber prestar toda la asistencia y el apoyo necesario a las tripulaciones en apuros y que experimentan grandes dificultades, instamos también a todas las autoridades marítimas a velar con mayor atención e intervenir para prevenir abusos y reparar cualquier injusticia que éstas hayan podido padecer.

Aunque la amenaza de la piratería que afecta las rutas marítimas ha disminuido, en comparación con hace unos pocos años, el peligro de ataques y de secuestros armados sigue siendo muy elevado en algunas áreas geográficas. Deseamos invitar a la comunidad marítima a no bajar la guardia y a aplicar todas las medidas necesarias destinadas a garantizar la seguridad y la protección, no solo del cargamento sino, sobre todo, de la tripulación.

Por último, quisiera centrar nuestra atención en los pescadores y en la pesca, que serán el tema central del XXIV Congreso Mundial que se celebrará en Kaohsiung – Taiwán, el próximo mes de octubre.

Al igual que los marinos, los pescadores transcurren mucho tiempo en el mar, a menudo a bordo de pesqueros que no están en condiciones de navegar, por lo que su profesión es considerada una de las más peligrosas del mundo y sin embargo no gozan de los mismos derechos que los marinos, es decir, sueldos y beneficios netamente inferiores. El sector pesquero está plagado de casos de trata de seres humanos, de trabajo forzoso y de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR).

Durante el Congreso, gracias a la asistencia de oradores expertos, desarrollaremos nuestra concienciación y atención con respecto a este tipo de cuestiones; fortaleceremos nuestra red con el objetivo de incrementar la cooperación entre el Apostolado del Mar de las diferentes naciones; compartiremos recursos y mejores prácticas para desarrollar habilidades específicas, sobre todo en el sector pesquero.

Renuevo mi invitación a participar en este Congreso, no solo a los expertos, sino también al mayor número de capellanes y de voluntarios, porque la pesca y los pescadores son una preocupación del Apostolado del Mar y no solo de quienes están personalmente involucrados en este sector.

Para concluir, pidamos a María, Estrella del Mar, que apoye nuestro servicio y dedicación a los marinos, pescadores y a sus familias, y que proteja a toda la gente de mar hasta que lleguen al “puerto seguro” del cielo.