Prohíben los exámenes psicológicos a refugiados para saber su orientación sexual

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BRUSELAS. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado este jueves que es ilegal que las autoridades nacionales sometan a un examen psicológico a los refugiados para determinar su orientación sexual antes de decidir si les otorgan el estatuto de refugiado porque se trata de “una injerencia desproporcionada” en su vida privada y no se ajusta a las normas europeas a la luz de la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

El caso se refiere al de un nacional nigeriano homosexual que reclamó en 2015 asilo en Hungría alegando su temor a ser perseguido en su país de origen por su orientación sexual, petición que fue rechazada por las autoridades húngaras en base a los resultados del informe pericial psicológico que le practicaron, que no confirmó la orientación sexual alegada.

El demandante de asilo nigeriano recurrió dicha decisión ante los tribunales húngaros al considerar que los exámenes psicológicos vulneraron “gravemente” sus derechos fundamentales y no eran adecuados para determinar su orientación sexual y la justicia húngara ha pedido ahora al tribunal europeo que aclare el caso.

Aunque la directiva europea que regula los requisitos para obtener el estatuto de refugiado permite a las autoridades nacionales pedir un dictamen pericial para evaluar la necesidad de protección internacional “real”, el Tribunal de Justicia Europeo aclara en su sentencia que deben “respetar” sus derechos fundamentales, incluido el derecho a la dignidad humana y el respeto de su vida privada y familiar y considera una injerencia “desproporcionada” un examen psicológico de este tipo para determinar su orientación sexual frente al objeto perseguido.

El tribunal europeo concluye que un examen psicológico para determinar la orientación sexual de un solicitante de asilo no se ajusta a la normativa europea a la luz de la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

Además, acota en su sentencia, que las autoridades nacionales no pueden fundamentar una decisión sobre la concesión del estatus de refugiado “exclusivamente” en los resultados de este tipo de examen ni quedar “vinculados” por los mismos y sólo podrán admitirse si se basan en métodos “suficientemente fiables”.

En todo caso, deja claro que este tipo de prueba “no es indispensable” para comprobar si un demandante de asilo dice la verdad sobre su orientación sexual y las autoridades nacionales deben contar con personal “competente” que pueda valorar la credibilidad de su testimonio.

EP – Jueves, 25 de Enero de 2018

Las esclavas del siglo XXI cargan en España

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Tarajal: Las esclavas del siglo XXI cargan en España | Opinión | EL PAÍS

Las porteadoras del Tarajal llevan hasta 80 kilos para las mafias de contrabando y a veces mueren

Frágil equilibrio, la película de Guillermo García López que ganó el último Goya al mejor documental, es una genial manta de leches contra nuestra complacencia habitual. El director nos mete en vena un revulsivo auténtico —y muy global— al rodar en 10 países e hilvanar las historias de depredación que amenazan hoy nuestra civilización, desde la deshumanización de la vida en Japón a la virulencia de las heridas, la soledad y la congoja de los inmigrantes que intentan el salto a España.

“La religión de la propiedad está hoy por encima del valor de la vida”, es una de las sentencias de José Mujica, el expresidente de Uruguay y narrador de esta entrega que nadie se debería perder. “Los problemas de África no son de los africanos, sino de la humanidad”. Esta es otra. La que nos trae hasta aquí.

Solemos contar los muertos en las vallas, las pateras y alta mar, aunque lo hagamos mal. Tampoco se nos da bien contar las deportaciones. Para los refugiados que acogemos no necesitamos muchos números. Pero hay otra cuenta que África nos trae hasta la puerta que nos apela también, y es la de las mujeres porteadoras de Marruecos que entran a cargar al Tarajal, en Ceuta, para llevar sobre la espalda de vuelta a casa hasta 80 kilos de productos que otros van a vender. Dos de ellas han muerto este lunes.

Las mafias del contrabando aprovechan un vacío legal: al no reconocer Marruecos la españolidad de Ceuta, no hay aduana comercial y está permitido pasar la frontera con equipajes “de mano” que sin embargo doblan el cuerpo y en ocasiones el peso de sus porteadoras. En general, cientos de marroquíes que guardan filas peligrosas hasta llegar a los polígonos del Tarajal, donde unos hombres les colocan sobre los hombros los productos que previamente han llegado a Ceuta, donde antes los han empaquetado para enviarlos así, como mercancías reorganizadas, sin pagar los aranceles y el IVA que exige Marruecos a las importaciones. Puro equipaje de mano.

Una avalancha humana en el lado marroquí provocó ayer de madrugada estas dos muertes. Según algunos testigos, unas porteadoras recriminaron a otras que intentaban pasar sin pagar el soborno a los agentes y a partir de ahí se organizó el tumulto que terminó en avalancha. Otras cuatro murieron en 2016. La única regulación marroquí consiste en que las mujeres pueden hacer cola lunes y miércoles y, los hombres, martes y jueves. Entre 7.000 y 9.000 personas cargan este contrabando que genera 405 millones de euros al año a cambio de unos 50 euros por viaje. Sin contar los sobornos a gendarmes, la reventa por parte de los plantones, que mercadean con los tiques de cola sin tener que cargar, para qué hablar de las heridas y daños en la espalda de estos porteadores que envejecen rápido. Es un ejemplo de la nueva esclavitud que denuncia Mujica, y esta vez carga los fardos en España sin que a nadie se le mueva una ceja. Ah, por cierto: siete personas murieron ayer al encallar su patera en Lanzarote, una estupenda reserva de la biosfera desde 1993.

Carta a mi “querido” amigo racista

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Tengo tanto que decirte que no sé por dónde empezar. No entiendo ahora, ni entendía en ese momento, por qué lo hacías, solo quería que parases, pero no lo hacías.

Durante mucho tiempo, te permití aquellas burlas, que, en parte, también eran culpa mía. No tenía que haber aguantado ni insultos ni degradaciones. A todos les parecía gracioso y, yo, solo quería encajar.

Este es el peligro de querer encajar, que dejas pasar situaciones. Tragas y tragas insulto tras insulto, por no ir en contra de una mayoría que le ríe los chistes a aquel que te increpa.

Cuando te ríes de una acción ofensiva hacia otra persona, participas en la agravación de esa conducta. La intensificas de manera, que haces al bullyng más fuerte y al oprimido aún más vulnerable, porque no siente que tiene ese apoyo, en lo que debería ser un entorno seguro.

Me sentía sola e incómoda conmigo misma. “¿Por qué los negros tenéis las palmas de las manos blancas?”, “Estás sucia, ¿por qué no te limpias? ¿tus padres vinieron en patera? Estas eran alguna de las preguntas que me hacías.

La cosa con los años no mejoró. Tú te hacías más grande y yo más pequeña. Empecé a sentir que el problema era yo, que no era igual a los demás. Quería el pelo liso y la tez más clara pensando que, con esto, todo mejoraría. Hubo un día que hasta deseé levantarme con la piel blanca, el pelo rubio y los ojos azules. Por la mañana me levanté y seguía siendo igual de negra que cuando me acosté. Ni un cambio.

Aunque mi familia siempre me decía “No le puedes gustar a todo el mundo. Tienes que gustarte a ti misma y quererte tal y como eres” Nunca les hice caso.

Veía en la tele a aquellas personas blancas que tenía un abanico de posibilidades laborales, y los únicos negros que veía eran inmigrantes sin una historia detrás. Mientras, pensaba ¿no hay ningún negro de aquí? ¿no hay negros médicos, abogados o solo pueden ser migrantes? ¿ no puedo sentirme de dos países?

Estás preguntas pronto se disiparon cuando en una clase de gimnasia, me dijiste “Tú no eres de aquí, porque eres negra. Los negros no pueden ser españoles”. Te reías.

Un día me cansé, hablé, peleé, me revolví, y levanté de aquella agonía.

No podía seguir siendo alguien que no quería ser; no podía seguir sin ganas de levantarme.

No nos damos cuenta, pero cada vez que no actuamos ante el racismo, lo perpetuamos. Hacemos crecer a nuestro enemigo, hasta que nos engulle y nos hace perder la esperanza.

Ahora, hablo contigo, tú, sí, tú… aquel que mira, pero no actúa; aquel que se ríe, pero no reacciona; aquel que gira la cabeza o ignora el problema. TÚ, también tienes la culpa.

A ti, mi “querido” amigo, te digo, que ahora sé que soy fuerte y no me vas a volver a pisar.

A ti te digo, que antes yo luchaba contra mí, y ahora lucho contra lo que representas.

Hasta luego y espero no verte nunca, mi “querido” amigo racismo.

La inmigración, en el centro del primer «Círculo del Silencio» de 2018 de las Cáritas de Salamanca y de Coria-Cáceres

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Cáritas. 26 de enero de 2018.- Anoche se celebró el primer “Círculo de Silencio” del año, organizado de manera simultánea por las Cáritas de Salamanca y de Coria-Cáceres. Los escenarios fueron la Puerta Zamora de Salamanca y el atrio de la iglesia de San Juan de Cáceres.

En esta ocasión, el tema sobre el que se reflexionó fue la inmigración, ya que el pasado 14 de enero tuvo lugar la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Como novedad esencial cabe destacar que la colaboración que ya mantenían las Cáritas de Salamanca y de Coria-Cáceres se intensificará durante este curso. Así, cada último jueves de mes este gesto de sensibilización y concienciación se celebrará al mismo tiempo en ambas ciudades.

El manifiesto que se leyó anoche en Salamanca y Cáceres fue el siguiente:

«Pobres son los que tienen la puerta cerrada. Los emigrantes y refugiados caminan buscando puertas abiertas, brazos abiertos. Viajan por la casa común en busca de un lugar donde vivir con dignidad.

Hoy nos sentimos parte de esa gran familia que es la Humanidad. Hoy queremos abrir los brazos para acoger, proteger, promover e integrar.

ACOGER. No es solo ofrecer un techo. Es sentir como si fuera nuestro, el viaje que tantos hacen por alcanzar un mundo mejor para ellos y sus familias. Supone garantizar el acceso a los servicios básicos. Acoger es abrazar, es acompañar, es hacer sentir al otro que no está solo.

PROTEGER. En los países de origen, en los de tránsito, en los de destino. Proteger con leyes laborales justas a los millones de trabajadores migrantes —y especialmente los que se encuentran en situación irregular— O facilitar recurso legal a los miles de solicitantes de asilo, o estar espe­cialmente atentos a la vulneración de los derechos de tantas víctimas de la trata. Y también es defender la vulnerabilidad de los menores no acompañados o de los que han sido separados de sus familias, primando siempre el interés superior del menor. Proteger es trabajar por la defensa de los derechos humanos. Proteger es usar las manos no solo para acumular, sino para defender y acariciar.

PROMOVER. Trabajar mucho más por la in­clusión social y profesional. Recuperar y valorar las com­petencias que ya traen las personas migrantes de sus países de origen y potenciar sus ganas de empezar de nuevo. O que se actúe en justicia para que los recursos sigan creciendo, teniendo siempre en el horizonte un desarrollo humano integral para todos. Promover es soñar y construir un futuro mejor

INTEGRAR desde el recono­cimiento mutuo de la riqueza cultural del otro. El reto es integrar a nuestros hermanos y hermanas en la vida cotidiana de nuestros barrios, ciudades y pueblos. Evitar siempre el rechazo y el aislamiento que impide cualquier diálogo cultural, social o religioso. Integrar es construir una sociedad nueva, una sociedad que no es mía ni tuya, sino nuestra.

Conjugar estos cuatro verbos (acoger, proteger, promover e integrar) en primera persona del singular y en primera persona del plural representa hoy un deber.

Nos comprometemos con los migrantes para mejorar el mundo.»