Don­de se rom­pen “nues­tros es­que­mas ci­vi­li­za­dos y nues­tros co­ra­zo­nes”

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Mons. Ra­fael Zor­no­za  En esta Pas­cua da­mos gra­cias a Dios por aque­llos que se des­vi­ven en el ser­vi­cio a los más in­de­fen­sos. Su apos­to­la­do en la Igle­sia es ma­ni­fes­ta­ción glo­rio­sa de la vida re­su­ci­ta­da, por­que la po­bre­za de la otra acogida en la fe es siem­pre re­ci­bir al mis­mo Cris­to. Doy gra­cias es­pe­cial­men­te por la pas­to­ral de in­mi­gran­tes, lle­va­da a cabo con enor­me de­di­ca­ción y en­tre­ga en la Dió­ce­sis. Hay mo­men­tos, como el de este do­min­go en Los Lan­ces, que no de­ben ser ol­vi­da­dos tan fá­cil­men­te: rom­pen nues­tros es­que­mas ci­vi­li­za­dos y nues­tros co­ra­zo­nes, y nos mue­ven a la ca­ri­dad. Dejo mis pa­la­bras de sa­lu­do Ten­ga­mos muy pre­sen­te esta mi­sión en nues­tra ora­ción y com­pro­mi­so cris­tiano.

Que­ri­dos her­ma­nos ve­ni­dos de dis­tin­tos lu­ga­res de Es­pa­ña y per­te­ne­cien­tes a Cá­ri­tas, Con­fer, Jus­ti­cia y Paz, y, so­bre todo a las de­le­ga­cio­nes de Pas­to­ral de Emi­gran­tes y a la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal Es­pa­ño­la.

Gra­cias por vues­tra pre­sen­cia en este lu­gar, re­co­no­ci­do en el mun­do como uno de los en­cla­ves más con­flic­ti­vos del paso del Es­tre­cho, bus­ca­do por los afri­ca­nos, es­pe­cial­men­te sub­saha­ria­nos para ac­ce­der a Eu­ro­pa, con gran ries­go de su vida. Como bien sa­be­mos los cris­tia­nos de Cá­diz y de Ceu­ta -y dan fe de ello los co­la­bo­ra­do­res de nues­tra De­le­ga­ción de Emi­gran­tes aquí pre­sen­tes y la Fun­da­ción Tie­rra de To­dos- este es un lu­gar para con­tem­plar tra­ge­dias y vol­car­se a amar. Aquí se rom­pen nues­tros es­que­mas ci­vi­li­za­dos y nues­tros co­ra­zo­nes.

Aquí ve­ni­mos una y otra vez para amar, ayu­dar, so­co­rrer, aten­der y aco­ger a los que, des­pués de tan­tas pe­nu­rias con­si­guen ver­se a sal­vo  en esta ori­lla, aun­que des­ga­rra­dos por lo que que­dó atrás, in­clui­das las vi­das de los que su­cum­bie­ron en el in­ten­to.

Hoy es­ta­mos aquí para orar, pero an­tes para llo­rar. Que nues­tro llan­to do­lo­ri­do por tan­to su­fri­mien­to se con­vier­ta en ora­ción sen­ti­da que Dios es­cu­cha por­que bro­ta del co­ra­zón y es aco­gi­da por el Pa­dre mi­se­ri­cor­dio­so que se afli­ge de nues­tros ma­les. Pero pi­da­mos tam­bién que este llan­to sea de do­lor por nues­tros pe­ca­dos de in­di­fe­ren­cia ante la in­jus­ti­cia y mar­gi­na­ción para que, con­mo­vi­dos y arre­pen­ti­dos tra­ba­je­mos más para aco­ger e in­te­grar a es­tos her­ma­nos, y, so­bre todo, para que cam­bien las con­di­cio­nes trá­gi­cas que les obli­gan a de­jar sus ca­sas bus­can­do una vida me­jor.

Ore­mos para que la so­cie­dad en­te­ra y los go­ber­nan­tes de las na­cio­nes sien­tan la ver­güen­za y el do­lor de la emi­gra­ción. Tam­bién, con com­pa­sión, por los que han per­di­do la vida en el mar, por sus fa­mi­lias y por los su­per­vi­vien­tes que va­mos a vi­si­tar y ani­mar. En­co­men­de­mos con gra­ti­tud a cuan­tos con mi­se­ri­cor­dia atien­den, cui­dad y aco­gen a los emi­gran­tes y a cuan­tos tra­ba­jan por unas con­di­cio­nes más jus­tas para ellos en la le­gis­la­ción de los paí­ses de aco­gi­da.

Gra­cias, her­ma­nos y ami­gos por vues­tra pre­sen­cia aquí. Bien­ve­ni­dos a vues­tra casa.

+ Ra­fael Zor­no­za

Obis­po de Cá­diz y Ceu­ta

 

Un año acogiendo a jóvenes inmigrantes para incorporarlos al mercado laboral

Subsaharianos que han llegado en patera encuentran en la Fundación La Merced de Valladolid el impulso para rehacer sus vidas

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Jóvenes acogidos en el programa de la Fundación La Merced Migraciones junto a Fernando y Susana, educadores sociales y los monjes mercedarios con los que conviven en el mismo edificio / Miriam Chacón/ical

Valladolid vive, desde hace unos años, un crecimiento de inmigrantes llegados del África subsahariana, en su mayoría, atraídos a nuestra Comunidad en busca de la paz que no tienen en sus países de origen y un proyecto de vida que les permita desarrollarse como personas.

En este sentido actúa precisamente la Fundación La Merced en su sede de la capital, desde donde acoge a emigrantes en riesgo de extrema necesidad, en situación irregular, que hayan alcanzado tierras españolas en patera o saltando la valla en Ceuta o Melilla y que tengan entre 18 y 24 años.

Debido a los requisitos que deben cumplir para entrar en la Fundación, todos ellos han estado antes en centros de internamiento de extranjeros (CIE) o de estancia temporal de inmigrantes (CETI).

Ubicada en el vallisoletano barrio de La Victoria, en la parroquia de La Merced, la Fundación del mismo nombre hace de casa de acogida de un pequeño grupo de estos jóvenes en el marco de un programa de ayuda humanitaria del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Uno de los trabajadores del centro, el educador social Fernando del Pozo, recuerda siempre una de las frases que le dijo el pasado invierno un joven de Senegal: «Nous sommes la nourriture des poissons» (Somos la comida de los peces, en español).

Él, como muchos otros, se subió a las pateras en las costas marroquíes sabiendo que acabar en el mar podía ser una de las opciones.

Todos dejan en sus países a su familia y amigos, y algunos incluso estudios universitarios. Sin embargo, otros llegan a La Merced sin saber leer ni escribir, lo que supone un reto aún mayor para su integración.

En lo que todos coinciden es que es en España cuando descubren la realidad de la situación económica y social que, aunque no cumple con la idea de la «Europa paradisíaca» que les habían prometido en su lugar de origen, «es mejor que lo que teníamos allí», sostienen.

El sueño de muchos de ellos es ser futbolista, por lo que los lunes practican este deporte con estudiantes voluntarios del cercano colegio Cristo Rey. Sin embargo, saben que no vivirán de ello, por lo que se preparan para ser cocineros, soldadores o fontaneros.

También acuden a clases de Ciudadanía Española en la vallisoletana Red Íncola y se les enseña a cocinar, español, necesidades básicas de higiene y cuidado personal y limpieza y gestión de un hogar para que puedan ser independientes, al tiempo que la Fundación gestiona sus documentos para que logren tener los papeles en regla.

Además, una de las curiosidades del programa es que cada joven recibe 51 euros mensuales por parte del Ministerio y un día a la semana, los que rinden culto a la religión musulmana acuden a la mezquita del barrio de Pajarillos o rezan en el centro, una parroquia cristiana.

Arraigo y despoblación

Ellos quieren quedarse en Valladolid y hacer en la ciudad su proyecto de vida, pero su caso no es el de todos los inmigrantes que llegan. Fuentes de la Diputación provincial aseguran a LA RAZÓN que los refugiados que llegaron a esta zona el pasado año, una vez obtenida la documentación que les acredita como tal, decidieron desplazarse hasta ciudades más grandes en busca de mayores posibilidades.

Por su parte, un estudio de la Universidad de Valladolid sostiene que «el arraigo de refugiados en los pueblos de la provincia puede ser una solución a la despoblación y una herramienta para ofrecer oportunidades a estas personas», en palabras del líder del proyecto, Martín Rodríguez, a este diario.

Sin embargo, desde la institución provincial afirman que «lo primero es generar empleo y ofrecer servicios para que los habitantes no se marchen y tengan un futuro».
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Unos 105 inmigrantes murieron hasta marzo en su intento de llegar a España

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La cifra supone más del doble respecto a la del mismo periodo de 2017, cuando se contabilizaron 44 muertes, según la Organización Internacional para las Migraciones

Unas 105 personas han fallecido en lo que va de año en la llamada ruta occidental, la que une el norte de África con España, más del doble que en el mismo periodo de 2017, cuando se contabilizaron 44 muertes, informó hoy la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Según la OIM, entre el 1 de enero y el 4 de marzo llegaron a España 2.308 inmigrantes indocumentados y refugiados, frente a los 1.584 en casi el mismo periodo del año anterior (hasta el 28 de febrero de 2017).

En la ruta occidental “casi cada día conocemos nuevos muertos”, comentó el portavoz de la OIM en la rueda de prensa bisemanal de la ONU en Ginebra, Joel Millmann.

El número de muertes es “bastante elevado y alarmante” en los primeros 63 días del año en esta ruta, dijo, mientras que las tendencias generales en el conjunto del Mediterráneo hasta ahora “son alentadoras”, sostuvo.

Un total de 10.584 inmigrantes entraron en Europa a través de las diferentes rutas en el Mediterráneo hasta el 4 de marzo, frente a los 19.824 registrados en el mismo periodo de 2017.

En cuanto al número de muertes, la OIM estima que 421 inmigrantes perdieron la vida en el mar en 2018, mientras que en los dos primeros meses de 2017 se registraron 521 decesos.

Un 50 % de los inmigrantes y refugiados que consiguieron llegar a Europa en lo que va de año arribaron a Italia (5.331), casi tres veces menos que el año anterior, de acuerdo con la OIM.

En la ruta entre Libia e Italia se registraron 316 muertes, frente a las 475 en el mismo periodo de 2017.

Millman informó además de dos naufragios durante el fin de semana en la ruta del Mediterráneo Central de dos barcos, uno con 51 personas a bordo y otro con 132.

Del primer barco se rescató a 30 inmigrantes, pero 21 son considerados desaparecidos y posiblemente muertos.

Queda la duda aún de si había además dos cuerpos sin vida de niños, lo que elevaría el número total de fallecidos a 23 y sería el incidente más grave desde el 2 de febrero, según el portavoz.

De la otra embarcación fueron rescatadas 42 personas, que llegaron hoy a Italia, mientras que los otros 90 fueron llevados por la guardia costera libia a Libia.

A Grecia llegaron a su vez 2.908 inmigrantes y refugiados (hasta el 3 de marzo), algo más que los 2.481 en los mismos dos meses del año anterior. En este trayecto no falleció ninguna persona en lo que va de año, destacó Millman.

 

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud

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Discurso a la Comisión Internacional Católica para las Migraciones

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

(ZENIT – 6 marzo 2018).- En el contexto de la migración, uno de los compromisos difíciles –ha apuntado Parolin– que hoy prometen ser más urgentes y necesarios, es “actuar” para que se produzca un cambio de actitud, abandonando la cultura dominante del “descarte” y del rechazo.

El Cardenal Mons. Pietro Parolin ha animado de esta manera a los participantes en la apertura de la asamblea plenaria de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones, este 6 de marzo de 2018, en Roma.

“Llevemos, pues, a todos, a través de nuestro amor concreto, este anuncio libre del amor de Dios que acoge, protege, sabe cómo valorar y hacer sentir parte de su familia”, ha indicado el Secretario de Estado del Vaticano.

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

Apoyo a las familias migrantes

El Cardenal Parolin recordado que uno de los objetivos para los cuales nació la CCIM es el “apoyo a las familias migrantes”, que a menudo emigran a la búsqueda de seguridad y de una vida digna, especialmente para los niños.

La cercanía de la comunidad cristiana y la ayuda concreta y especializada de organizaciones como la vuestra –ha indicado– pueden contribuir a mantener unidas a estas familias evitando que los niños encuentren en redes alternativas la respuesta a sus frustraciones.

Rechazo a la acogida

“La migración hoy se considera sólo como una emergencia o un peligro, –advierte Mons. Pietro Parolin– a pesar de que las naciones, especialmente las más avanzadas económicamente, sin lugar a dudas, deben gran parte de su desarrollo a los inmigrantes”.

Migración: Mons. Parolin invita a “actuar” para cambiar de actitud – ZENIT – Espanol

Discurso del Cardenal Pietro Parolin

Excelencias, damas y caballeros, queridos amigos,

Estoy contento de la oportunidad que me ofrecéis para saludaros y brindaros algunas consideraciones en un momento importante cuando la Comisión Católica Internacional de Migraciones está llamada a dar a la Iglesia y al mundo, además de a sí misma, respuestas adecuadas a las nuevas preguntas y a interrogarse sobre las formas más apropiadas hoy para cumplir su compromiso en situaciones relacionadas con la migración.

Todos aquí sabemos que la CCIM nació como resultado de las sacudidas causadas por la Segunda Guerra Mundial, por voluntad del papa Pío XII, que la instituyó para hacer frente al desplazamiento masivo de refugiados, como un organismo católico internacional de información, coordinación y representación para las migraciones.

 

Desde su creación, los episcopados de las naciones más afectadas por el fenómeno de la migración se involucraron, a través de sus representantes, en la elaboración del estatuto, aprobado oficialmente, a continuación, por el Santo Padre en la carta de 12 de abril de 1951 firmada por el Sustituto de la Secretaría de Estado, el arzobispo Giovanni Battista Montini. El objetivo principal de la Comisión era promover la aplicación de los principios cristianos en el tema de  la migración y de las políticas relativas a las poblaciones y hacer que estos principios fueran adoptados por las organizaciones internacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, en particular a favor de la protección de los derechos de la familia.

En los largos años de su actividad como organización católica de alcance internacional, la CCIM, fiel al propósito para el cual fue establecida, se ha distinguido por su acción concreta y por la competencia profesional de su personal, estableciendo relaciones con diversas organizaciones e instituciones de diferentes grados. Prueba de ello es la estima que la CCIM ha obtenido de la comunidad internacional, colaborando, en coherencia con su identidad católica, con agencias internacionales y otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales en varios niveles y en diferentes países. En este sentido, subrayo en particular la capacidad, gradualmente adquirida por la CCIM, para que dialogasen entre sí sujetos diversos: gobiernos y sociedad civil, instituciones humanitarias y de seguridad, organizaciones católicas y aquellas que pertenecen a otras denominaciones cristianas o las que no se identifican con una afiliación religiosa, pero tienen la intención de trabajar por el bien de los inmigrantes. Además, durante años, el CCIM ha coordinado, por encargo de los diferentes gobiernos anfitriones, todo el proceso de participación, en ámbito mundial, de las organizaciones de la sociedad civil en las reuniones del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo, organizando, con éxito, los Días de la sociedad civil.

También podemos recordar que la CCIM ha publicado investigaciones y guías sobre migración con importantes instituciones internacionales (UE y Consejo de Europa, OIM, ACNUR) y de la “sociedad civil”.

Es una experiencia concreta y experta de diálogo que, espero, pueda continuar y extenderse, para crear y sostener esa red de solidaridad, la única que puede responder a las grandes urgencias actuales y, juntas, garantizar la realización de los acuerdos de los que se siente una gran necesidad a nivel internacional.

Con respecto a su materia y sus objetivos, la CCIM trabaja ahora en estrecho contacto con la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral: un trabajo que, aunque comenzó hace poco más de un año,  ya ha dado buenos resultados y ha puesto a disposición de la Sección todo el bagaje de estudio y experiencia adquirido por la CCIM.

Del mismo modo, por su reiterada actividad en organizaciones internacionales, la CCIM actúa en estrecho contacto con la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado y con las Misiones Permanentes de la Santa Sede. En particular, especialmente en el último bienio  y en el presente año, también os habéis comprometido a ofrecer, en colaboración con las Misiones Permanentes en Nueva York y Ginebra, vuestra valiosa contribución a la preparación del Global Compact para una Migración Segura, Ordenada y Regular, y del Global Compact para los Refugiados.

Esperamos realmente que estos dos documentos, de los que están respectivamente en curso las negociaciones y las  consultas, puedan responder verdaderamente  a la necesidad de una mejor protección y defensa de los derechos humanos de estas personas, frente a las reticencias, los replanteamientos y los titubeos de varios Estados, llevando a una colaboración real y justa y a compartir a nivel internacional las responsabilidades y cargas asociadas con la acogida.

En estos días tendréis la oportunidad de examinar el camino recorrido y os preguntaréis cómo la CCIM pueda continuar la tarea para la cual fue fundada, una tarea que ya hemos visto cumplida gracias a un compromiso rico en frutos, que ahora requiere que os  abráis a los nuevos horizontes del servicio a los migrantes y refugiados. Estos, como el Papa Francisco siempre nos recuerda, no son números: son personas, mujeres, hombres, niños, que tienen un rostro, que a menudo sufren y se descartan. Un rostro humano en el que reconocemos el de Cristo, al que queremos servir especialmente en los que son más pequeños y  están más necesitados.

Uno de los objetivos para los cuales nació la CCIM es el apoyo a las familias migrantes, que a menudo emigran a la búsqueda de seguridad y de una vida digna, especialmente para los niños. Sin embargo, muchas de ellas llegan a los países de desembarco después de haber experimentado violencias y abusos durante el viaje, para enfrentarse  luego con nuevas experiencias de miseria y con dificultades antes impensables. La cercanía de la comunidad cristiana y la ayuda concreta y especializada de organizaciones como la vuestra pueden contribuir a mantener unidas a estas familias evitando que los niños encuentren en redes alternativas la respuesta a sus frustraciones.

Por otro lado, aunque en los países de origen de los migrantes el progreso esté también vinculado a su contribución económica a nivel social y familiar, hay en ellos, sin embargo, una dimensión que la Iglesia no puede descuidar. Es la de los miembros de la familia que se han quedado en su tierra natal, a menudo con hijos para mantener, cuando uno de los cónyuges, o ambos, emigran, dejando en casa, para cuidar de ella al otro o a abuelos ancianos, que viven con pobreza y a los que no siempre llegan remesas o éstas son insuficientes. Y a veces el cónyuge no regresa a su país. Este es un aspecto delicado de la migración, lamentablemente generalizado, que requiere más atención y apoyo.

Otro “frente” que se presenta al CCIM a nivel mundial es el del rechazo de la acogida. A pesar de que las naciones, especialmente las más avanzadas económicamente, sin lugar a dudas, deben gran parte de su desarrollo a los inmigrantes, y aunque se conozcan las experiencias -a veces terribles- que causan su migración o que encuentran en el viaje,  la migración hoy se considera sólo como una emergencia o un peligro, a pesar de que se haya convertido en un rasgo característico de nuestra sociedad.

Francisco nos recuerda que “se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a la “cultura del rechazo”- a una actitud que ponga como fundamento la “cultura del encuentro”, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor. “(Mensaje para la Jornada mundial del Emigrante y Refugiado, 2014).

Uno de los compromisos difíciles, que hoy prometen ser más urgentes y necesarios, es precisamente actuar para que se produzca este cambio de actitud, abandonando la cultura dominante del “descarte” y del rechazo. Un trabajo de información y sensibilización con el que vuestra Comisión puede ayudar a la Iglesia Católica a disipar muchos prejuicios y temores infundados referentes a la acogida de los  extranjeros y – sin esconder el esfuerzo que bajo muchos aspectos requiere la acogida –  y a difundir una percepción equilibrada y positiva de la migración.

Es un trabajo importante, entre otras cosas, para la preparación del Pacto Mundial sobre la migración, también en el período comprendido entre la conclusión de las negociaciones intergubernamentales y la Conferencia de Marrakech (del 10 al 11 de diciembre de 2018) que tendrá que adoptarlo: un período delicado que es necesario acompañar sin titubeos, los Estados miembros de la ONU pueden compartir el llamamiento conversación con consciencia y determinación.

A las actitudes de cierre vemos, sin embargo, contraponerse las actitudes positivas de muchos jóvenes que consideran la migración como una dimensión normal de nuestra sociedad, que se ha hecho interdependiente por las conexiones rápidas, las comunicaciones y la necesidad de relaciones a escala mundial. Son dimensiones en las que realmente podemos ver los “signos de los tiempos” que impulsan la solidaridad a escala global.

Gracias a vuestras variadas experiencias “sobre el terreno”, nace, además, otra contribución especial, discreta y competente, para crear rutas alternativas y  seguras  de migración, especialmente cuando éstas son forzadas por eventos violentos o desastres. Os animo a continuar esta tarea que, basado en vuestra competencia, capacidad de diálogo y discreción, es una de las mejores prácticas para salvar vidas, evitando los viajes peligrosos y el recurso a los traficantes; para mantener a las familias unidas; para proteger a los menores necesitados; para crear entre los países lazos de confianza mutua en este ámbito, ahuyentando alarmas sociales que también tienen repercusiones políticas.

Soy consciente de que lo que acabo de subrayar concierne solo algunos horizontes, aunque apremiantes, de vuestro trabajo.

La migración ya forma parte del programa  de cada reunión que tengo con las autoridades gubernamentales que vienen al Vaticano, o que voy a visitar. A menudo recibo de ellos  aprecio y gratitud por la contribución que la Iglesia Católica, también a través de las organizaciones inspiradas por sus principios, ofrece en sus países, para permitir, como nos invita el Papa Francisco, “acoger, proteger”. , promover e integrar” con sentido de responsabilidad y de humanidad, a estos hermanos y hermanas migrantes y refugiados”.

En continuidad con su origen, la CCIM ahora está llamada a renovarse. Esto sucede, lógicamente, cuando se cambian los cuadros directivos. De hecho, en esta Asamblea, los miembros del Comité Directivo cambiarán y se elegirá a una persona para el cargo, que, –recordemos, también es un servicio– , de Presidente. Además, “fortalecidos en un espíritu de solidaridad profética”, también os interrogaréis sobre la necesidad de un nuevo esfuerzo a favor de los migrantes, no solo por lo que respecta a los proyectos externos, sino también a nivel interno. En esta dimensión de comunión también dentro de vosotros, estáis llamados a fortalecer las estructuras y la cohesión de los que trabajan para la CCIM sobre los principios, directrices y objetivos a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, para que vuestra tarea no se quede sólo en un ámbito estrictamente humanitario, sino que a través de ello, las personas ayudadas perciban el influjo del “testimonio” que solo una vivencia personal de fe puede ofrecer.

Es una unidad y una comunión que deseamos involucre en este servicio eclesial a todos los miembros de la Comisión y a aquellos que se esfuerzan en la realización de vuestros objetivos. Espero, a este respecto que mis hermanos obispos aprecien cada vez más el servicio que ofrece la CCIM, que la promuevan y ayuden a crecer de acuerdo a su fisonomía de institución “de Iglesia” y “por la Iglesia”.

Al mismo tiempo que os aseguro un recuerdo especial en la oración por vosotros, por vuestro trabajo y porque la Comisión Católica Internacional de Migraciones prosiga y se manifiesta cada vez más como un signo concreto de hermandad en el mundo y en la Iglesia, deseo recordar lo que Francisco  ha afirmado al  final de los ejercicios espirituales, el pasado 23 de febrero: “la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo, (…) el Espíritu también vuela y trabaja fuera. (…) trabaja en los no creyentes, en los “paganos”, en las personas de otras religiones: Es universal, es el Espíritu de Dios, que es para todos. Llevemos, pues, a todos, a través de nuestro amor concreto, este anuncio libre del amor de Dios que acoge, protege, sabe cómo valorar y hacer sentir parte de su familia. Dios, que sabe recompensar cada esfuerzo, cada gesto de buena voluntad, nos ayude a abrirnos sin temor o reticencia a las nuevas llamadas del Espíritu para el bien de los hermanos. ¡Os deseo, por lo tanto, un trabajo bueno y fructífero!

 

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