ENTREVISTA A JOSE LUIS PINILLA EN 13 TV

PateraEl pasado día 2 de marzo, entrevistaron a José Luis Pinilla s.j. en 13 TV, en un programa dirigido por Carlos Cuesta. Aborda con claridad la posición de la Iglesia ante los acontecimientos últimos de Ceuta en donde murieron 15 inmigrantes. Habla de Securizacion, de como el Norte esquila a  los piases de Africa, de las políticas de integración europeas etc..,.

link:   https://vimeo.com/88244519

 

Visado humanitario a un parapléjico del Gurugú

Abdoulaye, junto a los religiosos Esteban Velázquez y Francisca, en Marruecos. EL MUNDO

Abdoulaye, junto a los religiosos Esteban Velázquez y Francisca, en Marruecos. EL MUNDO

Tumbado sobre una camilla de la sala de fisioterapia del hospital San Juan de Dios en Bormujos (Sevilla), Abdoulaye cuenta que la última vez que sintió la fortaleza de sus piernas fibrosas fue hace cinco meses. El hombre, de 34 años, nacido en Mali, explica que corría por el monte Gurugú tratando de huir de las fuerzas auxiliares marroquíes durante una de sus habituales y brutales redadas. En su escapatoria cayó por un terraplén, se golpeó la espalda y la cabeza, y se fracturó la columna vertebral. Desde aquel día de principios de octubre no ha vuelto a caminar. Fue una semana después de llegar hasta allí y sin haber intentado saltar la valla ni una sola vez.

SON VÍCTIMAS, NO CULPABLES

 

1391107724_592478_1391112722_album_normalNota de Cáritas Española en defensa de unas políticas migratorias justas y humanas
Cáritas. 3 de marzo de 2014.- Cáritas Española suscribe los contenidos de los comunicados difundidos en los últimos días por diversas Cáritas Diocesanas sobre la muerte de 15 personas migrantes en la playa ceutí de El Tarajal, en especial el emitido de forma conjunta el 18 de febrero por las Cáritas Diocesanas de Cádiz y Ceuta, y de Asidonia-Jerez. Sigue leyendo

Los perros del Gurugú

imagenALBERTO ROJASMonte Gurugú (Marruecos)

Actualizado: 23/02/2014 00:48 horas

Su vida actual se condensa en sólo cinco minutos. Eso es todo lo que necesitan para esfumarse sin dejar nada, para que su campamento parezca un lugar abandonado. Lo que antes era presencia, bullicio y actividad se convierte en ausencia y hogueras con brasas aún humeantes, pero sin nadie frente al fuego. Tienen que darse prisa y correr hacia lo profundo del bosque como si les fuera la vida en ello, porque realmente les va la vida en ello.

Para avisarles del peligro, la llegada de la temible policía marroquí o incluso de su ejército, no poseen ni escáneres termales, ni sensores de movimiento, ni drones, pero tienen la suerte de contar con el mejor y más infalible sistema de vigilancia que el hombre conoce desde la antigüedad: el código de ladridos de un perro.

En el campamento de los malienses, el Pettit Bamako, tienen cinco perros. Son, como ellos, hijos de la calle, cachorros del hambre, de razas con mezcla y sin pedigrí en su árbol genealógico, pero al menos se les ve bien alimentados. «Ellos comen mejor que nosotros», asegura John Feko, marfileño de 17 años y uno de los cuidadores de esta jauría. «Estos animales son imprescindibles para nuestra seguridad, por eso los tratamos muy bien». En el lugar donde duermen hay huesos de pollo y trozos de carne de cabra, una delicatessen en este vertedero inhumano del Gurugú.

Los periodistas atraviesan otro campo previo, el Camp Nigeria, más pequeño que el maliense. Como son extraños, los perros ladran desde hace un buen rato. Los inmigrantes se ponen en guardiapara salir corriendo y miran con recelo, pero sólo ven dos figuras aisladas y torpes subiendo por el acantilado del lobo, así que no hay problema.

En todo el perímetro, con decenas de estos animales en cada uno de los asentamientos, es imposible que los agentes marroquíes penetren sin ser olisqueados a lo lejos y delatados por los perros. La policía marroquí lo sabe y lesiona gravemente o mata a todos los canes que se interponen en su camino.

No es difícil encontrar perros muertos o lo que queda de ellos en los alrededores del campamento. Los informantes infiltrados en los asentamientos pagados por los servicios secretos de Rabat o de la Guardia Civil, vestidos con buenas botas y mejores abrigos, les indican por teléfono donde pueden encontrarlos. Por eso su protección es un asunto tan importante.

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